ÁGORA JUNIO-JULIO 2014

 

19 años de trabajo  en la vida cultural de Irapuato

 

Para iniciar la celebración de aniversario Alejandro Rangel Segovia, Diputado Federal   otorgó un Reconocimiento al Círculo Cultural Irapuatense, A.C., por sus 19 años, como promotor de las artes y hábitos lectores en nuestra querida Ciudad, así como la revista ÁGORA, órgano oficial del grupo,  durante esos años ha sido testimonio e instrumento que ha dejado ver el talento de muchos jóvenes dentro de las letras y artes visuales.

  La actividad se desarrolló en el marco de una comida, ofrecida también por el Diputado, a la cual asistieron amigos, integrantes del Círculo y  colaboradores artistas.

 Al recibir el galardón, Rubén Pérez Vargas Presidente de CCIAC, dijo qué es un gran estímulo para seguir con la promoción de la cultura y un gran compromiso, que sabremos cumplir, por amor a Irapuato. “Realmente este estimulo que nos hace el Diputado Alejandro Rangel es una distinción grande para nosotros, porque conocemos su trayectoria dentro de la cultura, es un hombre sensible y un talentoso ensayista y poeta que además conoce de arte, ¡Gracias Licenciado!.

Algo muy importante dejo aquí como una experiencia: hemos escuchado a jóvenes y adultos que nos han seguido en pláticas y evento que la lectura cambió el significado de su vida”, destacó para terminar.

Más tarde volverían a reunirse los protagonistas de este evento en el Museo de la Ciudad para llevar a cabo la ceremonia de festejo por un aniversario más del Círculo Cultural Irapuatense  y la entrega del “Marquitos” a Miguel Ayala Espino destacado intelectual y promotor cultural.  

 

Reciben el reconocimiento del Dip. Alejandro Rangel Segovia, Rubén Pérez Vargas y Ma. Dolores García.

 

 

Alejandro Rangel Segovia, el Lic. Pérez Vargas, con el Mtro. Salvador Alamraz , su hija y su nieto.

Celebró el Círculo Cultural Irapuatense y su revista ÁGORA

Fotos: Gerardo García

Oscar Arriola

 

 

El Círculo Cultural Irapuatense, A.C. celebró su aniversario XIX  con un gran evento  en el Museo de la Ciudad, donde el presidente Rubén Pérez Vargas, hizo remembranzas desde su fundación, dejó claro que nace a partir del impulso de colaborar con el crecimiento de nuestra Ciudad fresera en los renglones del arte y la cultura.

De acuerdo con tal principio creo el “Marquitos” que se entrega año con año, en esta celebración se reconoció a Miguel Ayala Espino que tiene méritos suficientes como merecedor de tal presea, su trabajo cultural y su aporte a su Irapuato le respaldan.  Sus palabras de agradecimiento expresaron la realidad de la cultura que desde el gobierno llega a la ciudadanía.

La revista ÁGORA, testimonio y plataforma de lanzamiento para jóvenes que prometen y que también han destacado dentro de las artes.  La licenciada Brenda Pérez de Gasca, hizo la presentación de la edición número XI,  época 3, dedicada a Nuestro Premio Nobel de las Letras,  donde escritores locales son autores de artículos, narrativa y poesía, sobre Octavio Paz.

El presídium estuvo conformado por el Maestro Salvador Almaraz, amigo siempre del Círculo, María del Carmen Rodríguez Pérez, coordinadora de arte  de ÁGORA,  Lic. Rubén Pérez Vargas, Presidente y Secretaria  Lic. Plamira Lira, del CCIAC,  Lic. Brenda Pérez, en representación de la Universidad Quetzalcoatl  y María Dolores García, directora de la revista ÁGORA.

Una exposición de  tallado en piedra, un oficio milenario heredado de generación en generación desde la época prehispánica, -traer a la vida un pedazo de piedra en bruto- que no sólo ha logrado sobrevivir al paso de los siglos, gracias a artistas como el maestro Celestino Castañeda Cabrera  quien para nuestra fortuna vive en Irapuato. Piezas de corte prehispánico, de las diversas culturas que florecieron en nuestro País presentó en la muestra el escultor irapuatense  quien recibió felicitaciones por su excelente trabajo artístico.

En la parte musical intervinieron el tenor José Guadalupe y la soprano Montserrat Rivas, que con sus voces privilegiadas deleitaron a los invitados, tanto, que hubieran permanecido horas escuchándoles.

La velada terminó con un brindis, es el patio principal del Museo de la Ciudad, que mejor marco para un fin de fiesta. 

 

.- El Lic. Rubén Pérez Vargas como Presidente del CCIAC, saluda a los  presentes para celebrar un aniversario más. Le acompañan en el estrado  la Lic. Ma. Dolores García, Lic. Brenda Pérez Zaragoza,  Ma. Del Carmen Rodríguez y Lic. Palmira Lira.

Ma. Del Carmen Rodríguez y Rubén Pérez Vargas  entregan al Lic. Miguel Ayala Espino  la presea “Marquitos”.

 

Miguel Ayala en su respuesta  al recibir su Premio, hizo  crítica certera al ambiente cultural de nuestra Ciudad

 

 

Reinas de la Ciudad hicieron bella presencia en el evento.  

 

Celestino Castañeda C. presento una muestra de su obra como escultor  en piedra, excelente.  

 

Amalia Macías e Irma Ulloa, invitadas especiales al evento.

 

ÁGORA MARZO-ABRIL 2014

En el 1547

 

En recuerdo de José Alfredo a 40 años de su adiós 

 

Fotos: Oscar Arriola

 

Con un esplendido homenaje al compositor guanajuatense José Alfredo Jiménez, conmemoró el Círculo Cultural Irapuatense, A.C. , los 40 años de su adiós, para dejar su recuerdo y sus canciones que permanecerán presentes en la vida del pueblo mexicano, y en todos aquellos no importa su nacionalidad sólo su gran sensibilidad.   El Licenciado Rubén Pérez Vargas dio la bienvenida a los asistentes y destacó el motivo del evento, recordando a este ídolo del pueblo mexicano.

Como presentadores  estuvieron en el escenario Lola de Castro y el joven actor y cantante Luis Arturo Rangel, hablaron de la trayectoria de José Alfredo, hicieron una breve historia de las canciones que dejaron escuchar  destacados interpretes irapuatenses, reconocidos por que son dueños de una gran voz y mucho carisma.

Los más grandes éxitos del ilustre dolorense sonaron con intensidad en las voces del gran tenor José Guadalupe Aguirre, de Adriana de la Rosa, que entusiasmó al público interpretando con bravía y fuerza canciones de José Alfredo,  El contratenor Arturo Elizarraraz Rico, virtuoso del violín durante su canción se acompañó con su instrumento. Marcela Carballeda, con esa voz tan suya,   impregnada de sentimiento, cerró con “broche de oro”, bueno es un decir porque siguieron los “palomazos” afortunadamente se encontraba entre el público la soprano Montserrat Rivas, y fue invitada a subir al escenario a mostrar su talento con esa voz privilegiada, por lo que sin lugar a dudas podemos decir que  fortuna tenerla aquí en Irapuato.

“Un Mundo Raro”, “Vámonos”, “Amanecí en tus Brazos”, “Si nos Dejan”, “Caminos de Guanajuato”, “El Rey”, “No me Amenaces”, “Cuando Vivas Conmigo”, “El Jinete”, “Tú Recuerdo y Yo”, entre muchas otras, fueron coreadas por los asistentes y que en momentos los asistentes que llenaron todos los espacios del 1547 aplaudieron de pie ; mientras José Alfredo, personificado por   José Carlos Acosta,  paseaba entre los presentes, hasta encontrar su “ese, su rincón en la cantina” , desde ahí agradeció Cómo puedo pagar / que me quieran a mí / por todas mis canciones….   sus aplausos esos los traigo aquí adentro, y ya no me los quita nadie, esos se van conmigo hasta la muerte”

 

La Cámara de Diputados establece el 2014 como Año de Octavio Paz

 

Alejandro Rangel Segovia

 

El legado y la poesía de Octavio Paz volverán a ser recordados en México para celebrar los 100 años de su nacimiento el próximo mes de marzo. Su trayectoria será recordada con la cancelación de un sello postal, lecturas de sus poesías, además de mesas de discusión sobre su obra.

La Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados de la LXII Legislatura declaró el 2014 como Año de Octavio Paz, con el fin de reconocer la obra del Premio Nobel de Literatura, los aportes realizados a la cultura y, el motivo principal celebrar el centenario de su nacimiento.

Octavio Paz nació el 31 de marzo de 1914, fue un poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano, Premio Nobel de Literatura de 1990, es considerado uno de los más influyentes escritores del Siglo XX además de uno de los más grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Su obra es muy extensa pues abarca diversos géneros entre los que destacan poemas, ensayos y traducciones.

Estudió Leyes y Filosofía en la Universidad Nacional, y luego se fue a España donde combatió en el bando republicano en la guerra civil y participó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas.

 

De nuevo en México fue uno de los fundadores de Taller (1938) y El Hijo Pródigo. Amplió sus estudios en Estados Unidos y concluida la Segunda Guerra Mundial, recibió una beca de la fundación Guggenheim, para más tarde ingresar en el Servicio Exterior mexicano.

En 1955 fundó el grupo poético Poesía en Voz Alta, y posteriormente inició una colaboración en la Revista Mexicana de Literatura y en El Corno Emplumado. En las publicaciones de esta época defendió las posiciones experimentales del arte contemporáneo.

Cerró su actividad diplomática en 1968, cuando renunció como protesta contra la política del gobierno mexicano ante el movimiento democrático estudiantil. Durante sus años de servicio Octavio Paz residió en París, donde hizo amistad con André Breton.

 

Paz se mantuvo siempre en el centro de la discusión artística, política y social del país. Su poesía se adentró en los terrenos del erotismo, la experimentación formal y la reflexión sobre el destino del hombre.

Es recordado anualmente a través del Premio Internacional de Poesía y Ensayo que lleva su nombre y el cual estimula, apoya y difunde las letras mexicanas e hispanoamericanas.

Dicho galardón lo concede la Fundación Amigos de Octavio Paz, presidida por Marie-Jo Paz, viuda del literato. Entre los escritores que han obtenido el premio Octavio Paz, se encuentran: el chileno Gonzalo Rojas, el mexicano José Emilio Pacheco, la peruana Blanca Varela y los españoles Tomás Segovia, Juan Goytisolo y Ramón Xirau.

 

A grandes rasgos cabe distinguir tres grandes fases en su obra: en la primera, el autor pretendía penetrar, a través de la palabra, en un ámbito de energías esenciales que lo llevó a cierta impersonalidad; en la segunda entroncó con la tradición surrealista, antes de encontrar un nuevo impulso en el contacto con lo oriental; en la última etapa de su trayectoria lírica, el poeta dio prioridad a la alianza entre erotismo y conocimiento. En 1990 se le concedió el Premio Nobel de Literatura, siendo el primer poeta e intelectual mexicano en ser reconocido con dicho premio.

Su obra poética está compuesta por 15 títulos, entre ellos, "Luna silvestre" (1933), "Entre la piedra y la flor" (1941), "Libertad bajo palabra" (1949), "Águila o sol" (1951), "Salamandra" (1962), "Ladera este" (1969), "Topoemas" (1971) y "Árbol de adentro" (1987).

En prosa destacan "El laberinto de la soledad" (1950), "El arco y la lira" (1959), "El mono gramático (1974), "Los hijos del limo" (1974), "Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe" (1982), "Tiempo nublado" (1983) y "Hombres de su siglo" (1984).

A lo largo de su trayectoria fue merecedor de numerosos premios y distinciones, entre ellos el Premio Cervantes (España), el Premio Ollin Yoliztli (México) y el Premio T. S. Eliot (EUA).

 

El escritor murió el 19 de abril de 1998 en la ciudad de México.

 

Hermandad

                   Homenaje a Claudio Ptolomeo

 

Soy hombre: duro poco

y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

también soy escritura

y en este mismo instante

alguien me deletrea.

 

            Octavio Paz

 

NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2013

A 40 años de su muerte 1973 - 2013

 

JOSÉ ALFREDO JIMÉNEZ

 

*José Alfredo Jiménez es uno de los responsables

de la reinvención constante de un pueblo y de un estilo nacional,

 combinando la mitología y la mitomanía rurales con el énfasis urbano.

Vocero de los conflictos de cantina, es un poeta de la soledad en compañía.

                                                                                                  Carlos Monsivaís

 

José Alfredo Jiménez Sandoval nació el 19 de enero de 1926, en la ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato. Los primeros años de enseñanza elemental, cinco para ser precisos, los cursó en el escuela “Centenario”. Es admirable cómo  un hombre tan joven, de mediana escolaridad, llegó a ser uno de los compositores más fecundos que ha dado México. Y sólo se puede llegar a la conclusión de que José Alfredo pertenece a esa legión de seres privilegiados de los que se dice son tocados por la vara Mágica.

La casa en que nació está ubicada en la avenida Guanajuato, en su interior esta circundada por una escuadra de bellos arcos. Patio soleado, alcatraces y más flores, sin faltar el corral, grato espacio para el trompo y las canicas.

Aquel niño de escasos  siete años tal escenario le atraía, le impactaba, su mente temprana y vivaz era envuelta por la música de: Milano no está aquí,  está en su vergel, abriendo una rosa y cerrando un clavel…

A los diez años queda huérfano de padre y Carmelita, su madre, decide trasladarse a radicar a la Capital. Más tarde, a los 12 años, al sentir la nostalgia por su solar natal,  José Alfredo escribe una de sus primeras canciones, que en su estrofa inicial dice así:

Por praderas, montañas y valles

voy huyendo como un criminal

añorando el pueblito querido

que tantos recuerdos me supo dejar

Ya en la ciudad de México, radican en la colonia Santa maría la Rivera, José Alfredo termina su enseñanza media superior. En los ratos de ocio, se recrea practicando el futbol con otros muchachos entre ellos Salvador Rábago y Horacio Cazarín, José Alfredo destacó en la portería,  de ahí saltó a la primera división con el equipo Marte.

Resultó  que en la época  en que jugaba en el equipo Oviedo conoció y trató a Antonio la  “Tota” Carvajal, quien participaba en divisiones inferiores del mismo equipo.

Con el paso del tiempo José Alfredo entró a trabajar como mesero en el restaurante “La Sirena” de la Ciudad de México, ahí en cuanto había oportunidad cantaba sus canciones, con un trío contratado en el lugar que le llamaban “Los Rebeldes”. Posteriormente gracias a su buena fama fueron presentados como “José Alfredo y sus Rebeldes”.

 

Corría el año de 1951 cuando llegaron a cenar al restaurant “La Sirena” Andrés Huesca y el trío “Los Costeños”.  Andrés se le acercó…  ¿Qué nuevas canciones traes?. Esta maestro –contestó José Alfredo- se llama YO y se la cantó a capela. 

Fello –le dijo Andrés Huesca- mañana tengo grabación a las doce, te espero en la Víctor.  Ya en la disquera Don Andrés habló con Mariano Rivera Conde, quien era el director artístico, que José  Alfredo traía una nueva canción, que valía la pena escucharla, y Rivera Conde le contestó: que de ninguna manera porque  tenía el programa completo.

Don Andrés siguió insistiendo y por verdadera fatiga Mariano Rivera Conde  accedió. Al escucharla ordenó que se grabara primero que todas. A los cuatro meses YO estaba en primer lugar de popularidad.

En ese tiempo José Alfredo pasaba por serios apuros económicos y decidió ir a la Víctor para saber de sus regalías. Le fue entregado un cheque por 70,000 pesos y  5,000 a cuenta de sus regalías.  Se formalizó el compromiso de otras grabaciones, tomó un taxi rumbo a la Basílica de Guadalupe, y dio gracias a la Virgen. A partir de esa fecha cambió el mundo de José Alfredo.

Ese año le grabaron cuatro canciones más: Ella, Cuatro Caminos, La que se fue, Qué suerte la mía. Las interpretaron los mejores cantantes del momento: Pedro Infante, Jorge Negrete, Miguel Aceves Mejía. Cinco Hits en un año, ningún compositor había logrado tal hazaña. Se le designó “El compositor de 1951”.

A principio de los cincuenta José Alfredo conoció a Paloma Gálvez, quien con ternura, comprensión y amor se convirtió en un estímulo en su vida. Un 17 de diciembre en el cumpleaños de Paloma José Alfredo y Los Rebeldes le llevaron serenata para festejarle. 

Así surgió el idilio, días después José Alfredo declaró su amor a Paloma a través de la canción Cuatro Caminos; y la inmortalizó en una más…  Paloma Querida.

José Alfredo y Paloma se casaron el 27 de junio de 1952.  El padrino de bodas fue Miguel Aceves Mejía, gran intérprete y  mejor amigo. Al salir del templo el Mariachi Vargas recibieron a la pareja con esa bella canción Paloma Querida, para continuar con otra que  días antes inspirado compuso como regalo a Paloma: Guitarras de Media Noche.

El último idilio que lo llevó al altar, fue con Alicia Juárez, una joven de 16 años, intérprete en el género ranchero. El fulminante enamoramiento sucedió durante una gira por Estados Unidos. Ahí el compositor de México renunció a su acendrado catolicismo y, de prisa, contrajo nupcias ante un ministro protestante.
 

Vida profesional  Historia de sus primeras canciones

 

José Alfredo tenía 21 años cuando compuso YO y 22 al grabar ELLA, estas canciones siempre fueron su orgullo.

En doce meses José Alfredo conquistó éxito y fama, prueba de ello es que el 13 de mayo de 1952, Don Adolfo Ruiz Cortínez  le invitó a Dolores Hidalgo en su campaña como candidato a la Presidencia de la República;  José Alfredo aceptó,  y durante la comida que se le ofreció a Don Adolfo, José Alfredo estrenó El hijo del pueblo.

Esta canción, fue grabada magistralmente por Pedro Infante y Jorge Negrete, posteriormente por muchos otros intérpretes.

El talento de José Alfredo Jiménez no se limitaba a determinados temas y en su imaginación guardaba un abanico amplísimo  que casi todo lo abarcaba. Por eso le cantó a su esposa, a su pueblo y a sus hijos, al mar, a la montaña, al sol, a la luna, a las estrellas, a las nubes, al cielo entero a la felicidad, al tequila, al caballo blanco, al coyote, al perro negro y más.

En su vida sentimental sufrió algunas decepciones, como la que describe en la canción ELLA, que le fue compuesta a Cristina, el amor tempestuoso de su juventud y su musa.

La satisfacción mayor de José Alfredo fue que muchas de sus canciones fueron preferidas de grandes intérpretes, algunos ya los citamos líneas arriba, pero la lista es grande:  Miguel Aceves Mejía, Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solís, Antonio Aguilar, Luis Aguilar, Vicente Fernández y otros tantos no menos célebres y famosos como David Reynoso, Marco Antonio Muñíz, Luis Miguel, Chavela Vargas, Lola Beltrán, María Félix, Pedro Vargas y muchos más entre estos algunos extranjeros entre estos Joaquin Sabina, Tania Libertad, Enrique Bunbury, Andrés Calamaro, María Dolores Pradera y muchos más. En la clausura de la edición 41 del  Festival Internacional Cervantino, “Los Flamencos” como un  homenaje a José Alfredo Jiménez festejaron sus soleares, sus alegrías, sus quejíos, sus historias, sus sentires, con lamento gitano, acompañados de un mariachi aflamencado.

Así de enorme es José Alfredo Jiménez de quien conmemoramos el XL aniversario de su desaparición física, este 23 de noviembre.

 

*tomado de un ensayo sobre José Alfredo, que forma parte del libro Amor Perdido de Carlos Monsivaís

AGOSTO-SEPTIEMBRE 2013

 

Antonio González presente en su obra

 

CCIAC y ÁGORA reunieron a sus amigos en el Museo de la Ciudad

 

Fotografía: Federico Vargas Somoza

Texto: Lola de castro

 

Emotivo homenaje póstumo para el Maestro Antonio González, orgullo de Irapuato, su pintura, un legado incalculable, cuadros, retratos que surgieron de su creatividad   y forman parte de nuestro patrimonio cultural.  

En el Museo de la Ciudad, el Círculo Cultural Irapuatense, A. C.(CCIAC) y su revista ÁGORA, reunieron  a familiares, amigos y conocedores de su arte.

Rubén Pérez Vargas, Presidente de CCIAC, Atala Solorio Directora del Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación de Irapuato, Ma. Dolores García, Directora de ÁGORA, Lic. Roberto Palacios, Regidor del H. Ayuntamiento y dirigente de la CTM, presidieron la velada

Como invitados especiales  el Lic. Carlos Agapito Vázquez  y Don Amancio Ramírez. Posterior a la bienvenida que estuvo a cargo del Lic. Pérez Vargas, Don Amancio, amigo y mecenas del Maestro González relató con nostalgia, anécdotas  que vivieron en sus viajes a los Estados Unidos, donde casi siempre le esperaba una exposición de su obra, y obra a realizar, especialmente retrato a personajes de aquel País.

En  muestra de esa pintura de excelencia, y también para sentir la presencia del Maestro, Don Amancio, de su colección para ser exhibidos prestó varios cuadros:  un bodegón,  una  madona  de gran belleza, paisaje urbano, uno de los temas favoritos del autor y más.

Hablar de Antonio González es hablar de arte…. Así inició el Lic. Carlos Agapito Vázquez en su oportunidad, como conocedor del trabajo artístico de González Juárez, hizo crítica de su pintura de caballete y mural; óleo, acuarela, tintas, manejaba con destreza todas las técnicas  con una alta calidad, destacó  su coleccionista.

En esa muestra, con obra del homenajeado que se montó  en el Museo, fuera del salón “La Troje”, destacaron los retratos de miembros de conocida familia de esta Ciudad: dos óleos, Lulú  y Chava Márquez.

La intervención del tenor irapuatense  de voz privilegiada José Guadalupe Aguirre, como parte del programa del día interpretó la música que le encantaba al Maestro,  3 canciones de José Alfredo Jiménez:  “Para morir iguales”, “Deja que salga la luna” y “El rey”,  mismas que con entusiamo fueron coreadas por el público asistente.

Para finalizar, como un sorpresa hizo su aparición Martín Nieto poeta y declamador, quien se reveló como cantante y acompañado de dos amigos, y para mayor lujo, después de descubrir la presencia de la internacional Amalia Macías le invitó a unirse al coro para interpretar a capela esa canción favorita de Antonio González Juárez : “El perro negro” desde luego… su autor José Alfredo de Guanajuato,.

 

.

 

1.         Don Amancio Ramírez  refiere sus vivencias  como amigo y mecenas de Antonio González ante la audiencia reunida el Salón “La Troje” del Museo de la Ciudad,  en el homenaje póstumo al Maestro.

2.         En el presídium: el Lic. Carlos Agapito Vázquez, Lic. Rubén Pérez Vargas, Lic. Roberto Palacios y Lola de Castro.

3.         Chelo Zuloaga de Aguilera y el Doctor Vidal Berrones,  coleccionistas de la obra de González.

4.         La Virgen y el Niño, belleza de cuadro. El Kiosco de aquel Jardín Principal de hace muchos años.

Ágora y un autorretrato, recibieron a los amigos del Pintor presente siempre

 

Orgullo de la Mexicanidad

 

 

El Premio NEZAUALCÓYOTL

 

 

 

El pasado mes de Julio  el Juan Francisco Campos Hernández convocó al evento donde se hizo entrega el Premio Nacional Nezahualcóyotl patrocinado por la Universidad de Guanajuato y diferentes asociaciones civiles dedicadas al estudio de la historia y antropología en México, en el Museo de la Ciudad a 3 distinguidas personalidades: el Lic. Rubén Pérez Vargas,  al Lic. León Felipe de Jesús Míreles y al  Arqueólogo e historiador Julio Jorge Celis Polanco.

Al Maestro Rubén Pérez Vargas, se le otorgó la presea por su incansable trabajo dentro de la cultura en Irapuato,  primer Director de la Casa de la Cultura,  a él se debe su institución, con el antecedente del Círculo Cultural Nezahualcóyotl, grupo que formó y donde reunió a intelectuales y artistas, que dieron prestigio e esta Ciudad, llevándolos a participar a en Centros Culturales de la República. 

León Felipe de Jesús Míreles Lic. en Derecho, Irapuatense,  abogado brillante quien al tener en sus manos y conocer la obra  escrita por el Doc. en Derecho Ignacio RomeroVargas Yturbide cuyo título es: "La Organización Política de los Pueblos de Anáhuac decide aceptar la propuesta del creador y líder del movimiento "Al Rescate de la Prehispanidad" quien además es investigador y analista histórico de nombre Juan Francisco Campos Hernández (Jufra) de estructurar una conferencia a nivel magistral e impartirla y difundirla con el objetivo de que los mexicanos  conozcan este aspecto casi totalmente desconocido de nuestra historia prehispánica.

 

En este año y por primer vez (aunque no por última) tuvimos el honor y el orgullo de que Enrique de Alva Martínez descendiente número 107 de nuestro gran  Tlatoani Texcocano Netzahualcóyotl haya venido a Irapuato a entregar estos galardones.

El Arqueólogo e historiador Julio Jorge Celis Polanco, es egresado de la licenciatura en Arqueología de Escuela Nacional de Antropología e Historia, E.N.A.H. del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ha realizado numerosas publicaciones científicas en artículos y libros, participando frecuentemente en numerosos programas de televisión y radio. 

Autor de obras como los Combates del Bajío, así como una biografía revisada del General Emiliano Zapata Salazar basadas en el archivo Zapata de la UNAM y en documentos del Archivo General de la Nación y fotografías inéditas del archivo del INAH.

El Círculo Nacional de Periodistas otorgó el premio nacional: SOL DE ORO a la excelencia profesional y por el descubrimiento del Teoculhuacan Chicomoztoc Aztlán en el estado de Guanajuato.

En marzo de 2009 ha sido reconocido por científicos de la universidad de Moscú en Rusia, en donde el libro de La Montaña Donde Nació el Pueblo del Sol, se traduce al idioma Ruso para su difusión en toda Europa del Este. En 2011 recibe el premio Nacional Netzahualcóyotl por le descubrimiento del Teoculhuacan en el cerro Culiacán de Gto.  Ha participado en trabajos de exploración colaborando con el Profesor Eduardo Matos Moctezuma (1993-1995) y por recomendación del Doctor Román Piña Chan (1987)

Ya prepara una quinta edición del libro La Montaña Donde Nació el Pueblo de Sol.

El Lic. Rubén Pérez Vargas, recibe la presea de manos de Enrique de Alva Martínez descendiente número 107 de nuestro gran  Tlatoani Texcocano Nezahualcóyotl.

 

León Felipe de Jesús Míreles abogado brillante integrado a el Grupo “Al Rescate de la Prehispanidad", merecedor del Nezahualcoyotl

 

El Arqueólogo e historiador Julio Jorge Celis Polanco, recibe su Nezahualcóyotl que le entrega  Enrique de Alva Martínez,  acompañado de los galardonados y  de Juan Francisco Campos Hernández

 

ÁGORA Mayo-Junio 2013

Martes 19 de Marzo

                                                                                                  Ivonne Mancera García

 

 

            Era martes 19 de marzo, hacía mucho calor cuando, entre el bullicio del medio día, la noticia confusa, difusa, turbulenta, llego a mis oídos, “se murió un pintor”, decía la voz por el teléfono, no entendí nombres.

            El tráfico aumentaba, con la proximidad de la salida de los niños, con el tiempo para comer en las oficinas, mientras me acercaba al Museo de la Ciudad, donde el “pintor desconocido” se encontraba en su ataúd, haciendo la última visita a aquel recinto.

            La noticia, para ese punto, ya rondaba  en las redes sociales, según me comentó la directora del Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación (IMCAR), Atala Solorio Abreu, pero en pleno siglo XXI, con conexión inalámbrica  y la posibilidad de acceder a internet en cualquier teléfono, no pensé en “googlearlo”.

            Pensaba en Raúl Zarate, que está recluido en su casa de Villas de San Cayetano, con un hilito que está amarrado a la llave de la puerta y que avienta a quien quiera hablar con él un rato, a quien lo quiera acompañar en sus recuerdos. No pude evitar pensar en Salvador Almaraz, a quien recordaba de hace tiempo en un evento del IMCAR.

            El paso apresurado me llevo al patio del Museo, más por la ansiedad de saber quién era que por la premura de llegar a hacer entrevistas, de obtener la nota.

            Ver el autorretrato frente al ataúd fue un golpazo, como cuando uno va caminando y de repente, el viento, golpea con fuerza el cuerpo, te empuja hacia atrás y se convierte en una especie de cachetada, un vacío que de pronto llega… Era Antonio González.

            El sol comenzó a quemar con más fuerza. Los personajes vestidos de negro que deambulaban por el patio del Museo se escondían entre la sombra, mientras que el ataúd que guardaba a González Suárez, de 86 años, se encontraba afuera de la sala que alberga la exposición de piezas arqueológicas, entre el carruaje de Porfirio Díaz y una obra de Jazzamoart.

            Las caras tristes eran acompañadas por el silencio de los presentes, y aunque la ausencia del sonido es común en lugares como esta vieja casona, ese medio día, el silencio pesaba, el silencio se atoraba en la garganta, sobre todo cuando ubique a Estela Sandoval López, ahora, la viuda de González.

            Con una sonrisa tristona, la compañera por 42 años en unión libre, de González Suárez me recibió. Los abrazos nunca son suficientes en esas situaciones, y las palabras siempre se sienten incómodas, hasta los “lo lamento”. Pero esa mujer, con el cabello ondulado y vestida completamente de negro, parecía tranquila, serena.

            Un infarto fue lo que le quitó la vida a Antonio, al pintor del cuadro “Emancipación”, que se encuentra en la sala del segundo patio del Museo de Irapuato, que fue donado por la Confederación de Trabajadores de México (CTM) del municipio, y quienes pronto, el 30 de abril, le rendirán un homenaje a este pintor, antes del día del Trabajo.

            Sandoval López habló conmigo, nunca se sabe cómo acercarse a alguien que acaba de perder una parte de sí mismo, sobre todo luego de más de cuatro décadas de estar juntos, de vivir alegrías y tristezas, de la última semana con el enfisema pulmonar que se agravo, la hospitalización y luego, la muerte repentina, a las 6:45 de la tarde, del lunes 18 de abril.

            Las preguntas se escurrieron, en esa forma de preguntar que tengo cuando estoy impresionada, sin recordar mucho, sin recordar nada, las preguntas así parecen comunes, absurdas, pero aun así, faltan las palabras, que se atoran en el borde de los dientes.

            Dentro de las guardias de honor, se pudo ver con el semblante caído a los hijos de González, a sus colegas de pincel, a los amigos entrañables, a los funcionarios del municipio, incluido el alcalde municipal, Sixto Zetina Soto, y los curiosos infaltables.

            Por ahí, entre las columnas de la vieja casona, se podía ver a Salvador Almaraz, un poco aletargado, un poco incrédulo, como cada que llega la muerte, adolorido… Miraba entre la gente, tal vez platicaba en susurros, como los demás presentes, pero de seguro, nunca volvió a ser el mismo.

            Desconozco si alguien informó a Zarate, quien en sus inicios como pintor, le ayudaba a hacer los marcos de madera a González, para sus pinturas y para aprovechar el tiempo y aprender técnicas básicas del arte. Al siguiente día, no tuve valor para entrevistarle.

            Los aplausos rompieron el silencio de pronto, mientras el ataúd se retiraba del Museo, entre llantos silenciosos y las palmadas chocando de manera escandalosa. Unas flores blancas y pequeñitas cayeron de unos arreglos, de los muchos que le llevaron, las guarde en mi libreta para tener algo con qué recordar el día, aunque uno, a pesar de tantas cosas, son cosas que no olvida.

            El sol quemaba en Allende, mientras subían el cajón a la carroza de Gayosso, con las risas y gritos de los alumnos del Colegio México, que ignoraban quién murió, sin saber por quién se lloraba y se apretaba la garganta.

            Un comentario me quedo en la cabeza, de la persona que me acompañaba, al saber que se haría un homenaje póstumo al pintor, “Ya muerto, para qué”, y es cierto. No saber que Antonio González llevaba varios días enfermo, es el olvido de los gobiernos para con los artistas y personajes de su ciudad.

No dar apoyo a aquel pintor abandonado en un fraccionamiento también descuidado, con medicinas, comida o una visita de vez en cuando, también es olvido, olvido de una institución que no atiende a sus pintores pero si busca al extranjero para ofrecerle flores.

No buscar la manera de reconocer el trabajo de Almaraz siendo al que presumen como internacional, es olvido, del gobierno, de la sociedad, de quien cree que por ser pequeños artistas en un espacio reducido, no merecen reconocimiento, ni el gusto de estrechar su mano.

            Pensando, al siguiente día de que se nos fue González, recordé las replicas de algunos de sus cuadros, que según comentaron en los medios locales, fueron en su mayoría por encargo, que colgaban en la pared de la casa de mi bisabuela, los que he podido identificar en las cafeterías o negocios de Irapuato.

            Y recordé, aquella exposición en el Museo, de un cuadro con una mujer, fumando, con la cara relajada y las uñas de ambas manos, rosadas, coloradas, que nunca se me olvidaron y, ahora, no se me olvidaran.

             En la vieja casona ubicada en Allende, sólo se encuentra un cuadro que donó la CTM, mientras que en la Presidencia Municipal, son dos murales, el que se ubica en el salón Juárez y el que se pintó en el salón donde se realizan las sesiones de Ayuntamiento.

            Recuerdo la primera vez que vi a González, en un evento de Casa de la Cultura, cuando se entregaron reconocimientos para escritores, poetas, científicos y todo tipo de personajes del municipio, denominado “Premio Trayectoria”, cuando Lola de Castro  era directora de Casa de la Cultura en 2009. Su semblante era muy serio.

            González parecía una de sus pinturas, como les suele suceder en la medida del tiempo a todos los artistas plásticos, con una mirada fuerte, la cara y los gestos decididos, rasgos crudos. Las manos alargadas eran una de las características más notorias de González, que hacen sentir la libertad, el trabajo y el costo de ese trabajo, las ganas de agarrar el mundo y abrazarlo todo.

            A casi un mes de la muerte de González, los homenajes apenas irán apareciendo, y el recuerdo de este pintor va guardándose y, al mismo tiempo, desapareciendo, “el pintor de las manotas” sufrirá del mismo castigo que aplica el tiempo a cualquier criatura, ser víctima del olvido y del recuerdo.

           

 

 

 En el Museo de la Ciudad - lugar que su taller por años-, se le rindió homenaje póstumo, en guardia de honor: Sixto Zetina Soto, Presidente Municipal, Atala Solorio Abreu, Directora del    Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación y el Lic. Rubén Pérez Vargas, Presidente del Círculo Cultural Irapuatense, A.C.           

 

Antonio González y su “Emancipación”.

In memoriam en el Día del Trabajo

 

                                                                            Alejandro Rangel Segovia

 

1 de mayo de 2013

 

De reojo, cuando joven, de prisa o lento, siempre veía el enorme óleo “Emancipación” a mi paso por el pasillo central de la casona del obrero en Irapuato, Gto, denominada “Fidel Velázquez” en honor al líder apacible, añejo, paciente, memorista, estadista y nacionalista comprometido con su clase y cetemista que fue don Fidel y quien pensó como lema histórico para la CTM el de “por la emancipación de México”.

 

De reojo, porque el gran óleo “Emancipación”, tamaño de un mural, pendía del muro enorme que separa dicho pasillo del auditorio de esta casa cetemista; espacio que lleva el nombre de Don Juan J. Varela, líder cetemista, contemporáneo de Don Fidel que por 20 años llevo con firmeza y tino, con sensibilidad social las riendas de la CTM en el estado de Guanajuato.

 

Aún de reojo, no dejaba de apreciar siempre ese pecho desnudo, junto a una cabeza calva inclinada hacia atrás y sobre un vientre abierto por un cuchillo de fusil que al encajarse en el cuerpo del obrero martirizado y encadenado de brazos y pies, despedía una energía de rebelión que significa la lucha en desventaja, la lucha perenne, la lucha cruenta del obrerismo por lograr su libertad, social, cultural, económica, su libertad de decisión, de disfrute de un tiempo, de los derechos laborales, de la salud, de, en, una palabra, lograr Su Emancipación.

 

La hechura de cuadro al óleo fue gracias a la sabia decisión de Don Martín Montaño Arteaga cuyo nombre lleva la biblioteca de la casona del obrero.

 

Montaño, líder cetemista con gran altura de miras y estatura corporal, encargó al maestro Antonio González la elaboración de “Emancipación” en 1973, a lo que el maestro accedió con su sencillez y compromiso social extraordinarios que le caracterizaban, el cuadro concluido se utilizaba cada año para ilustrar con él, el carro alegórico que encabezaba el desfile del Primero de Mayo durante muchos años.

 

El deterioro consecuente hizo que luego fuese dejado en reposo, colgando del gran muro, en el gran pasillo de la gran casona, del gran obrero, “Fidel Velázquez”, en la calle 5 de febrero 537 de la zona centro de Irapuato.

 

El joven que era y que desde 1981 pasaba con cierta frecuencia por ese gran pasillo, a veces de prisa, a veces lento, veía de reojo el impactante obrero pintado con ese gran destello enérgico y emancipador saliendo desde su vientre, admiraba la inspiración revolucionaria, pero también anhelante de un futuro mejor para la clase trabajadora que tuvo Antonio González, y que llamaba entonces como ahora a enarbolar con el coraje necesario, pero también la astucia y la persistencia obligadas, a todos los que le ven y suspiran, sabiendo el significado glorioso que la alegoría “Emancipación” nos impregna a todos, pues en si mismo explica, con sus figuras grotescas, con su lenguaje visual, con su colorido alarmante, con su aviso, con su sangre y con su fuego, el concepto que con palabras cuesta más trabajo entender: Emancipación.

 

Aquél joven de entonces hubo de recibir la gracia y el respaldo de los representantes obreristas cetemistas irapuatenses en 1998 y recibir la responsabilidad de Secretario General de la CTM en la localidad durante 6 años.

 

En dicho periodo fue que se denominó Juan J. Varela al Auditorio de la casona; que se denominó Martín Montaño Arteaga a la biblioteca; y que se estableció la solución de restaurar la obra, ya resquebrajada de Antonio González Juárez, lo cual sucedió en el año 2001 de manos del mismo autor, quien reiteró su gesto noble y su compromiso social, retocando y rehabilitando tan magnífico trabajo.

 

Todo lo anterior fueron decisiones unánimes de las asambleas correspondientes de dirigentes sindicales en plenos de la CTM, y no fue diferente el procedimiento riguroso mediante el cual se depositó en el museo de la ciudad tan emblemática obra alegórica “Emancipación”.

 

Por ello es que el compromiso ideológico de la CTM, de sus líderes nacionales y estatales Velázquez, Varela, Montaño y locales, están hermanados con el ideario de Antonio González Juárez y explican en su conjunto el marco en el cual se lucha incansablemente, antes, ahora y siempre por un México de trabajo emancipado, por un trabajo que dé frutos: familiares, de libertad, de economía, de fortaleza, de educación, de Emancipación.

 

Antonio González pintó bodegones hermosos, muchos irapuatenses disfrutan de dichas obras en sus comedores y casas; hoy que físicamente nos ha dejado, dichos irapuatenses tendrán que pensar, cuando se les quede gravado este cuadro de cuadros, esta obra de obras, esta alegoría de justicia y lucha, que Antonio González anhelaba un obrerismo Emancipado, unas familias obreras con los frutos en sus mesas, los frutos de sus bodegones pintados para que estuvieran en las mesas de sus casas y cocinas.

 

Antonio González vive, está en cada pincelada excelsa que plasmó para extraer de las entrañas, del pecho y del corazón del obrero caído, el fuego, la energía y el anhelo del obrero levantado, del obrero que muestra la fuerza obrera que produce, del obrero que se organiza, que erguido enfrenta, que trabaja con ahínco, que suda su overol, que gana su salario, que lleva a la mesa de su casa, las viandas que comparte con sus hijos, viandas que González pintó en sus bodegones; González vive entonces, en las mesas de la clase trabajadora porque en su mente estuvieron siempre.

 

 

 

Caja de Arte

Colección Irapuato antiguo

 

Prólogo: Sebastián Martínez Castro

 

Destellos y penumbras del ayer… fulgures y siluetas del Irapuato que ya se fue.

Lunas y soles, que, tras las ventanas del arte abiertas al mundo de los sentidos, muestran al irapuatense de hoy el latir de sus antepasados.

 

Recordar es vivir, reza el proverbio. Yo digo que dibujar es evocar, traer a la memoria:

¡resucitar…!

 

Trazando, creando y plasmando su inspiración en negro y blanco, en trazos y oquedades, Antonio González Juárez allá por los sesentas del siglo recién fenecido, revivió el ayer de Irapuato cuando por encargo del señor Salvador Calderón Muñoz q.e.p.d.

A través de sus dibujos a pluma tinta devolvió la vida a sucesos e imágenes de nuestro terruño de los principios  del siglo XX, y que por aquellos años felices, previamente habían sido captados por la cámara privilegiada de Julián Gómez Figueroa.

Hoy surgen a la luz púbica diez y siete tintas  -celosamente guardadas en los arcones del amor- y renace el esplendor del Irapuato que fuera gozado por quienes nos antecedieron. Diecisiete  reproducciones atesoradas en esa caja de arte: Luces y Sombras de Irapuato tornadas originalmente con la firma de su autor.

A esta conjunción de ciudadanos y artífices enamorados de nuestro remoto pasado, se suma Silviano Rivera Uribe eterno diletante del antaño de Irapuato para detallar el dónde y el cuándo y el porqué de esas imágenes –ahora luces y sombras que engloban: seres humanos, edificios, vías, vehículos y paseos de nuestra ciudad de nuestros ancestros en aquel incipiente siglo.

A la vuelta de cada página Antonio González agita la marea de campesino, sobreros y catrines concurrentes al mercado “Aquiles Serdán” y hace retozar clientes asiduos de : La Palanca, El Venado, El Centro Mercantil, Las fábricas  de México,  El Botín Azul, La Barata,  El Gran Líbano, La Moda, La Violeta, Las Fábricas Universales,  El Gran Señorío,  El Buen Gusto y por supuesto El Salón Blanco, barra preferida para el aperitivo del medio día.

Antonio También ilustra las torres de: La Parroquia del Centro ,La Soledad Y El Hospitalito y al amparo de ellas cobija, tanto a los carruajes –aún tirados por caballerías realizando sus últimos recorridos, como el asombro que a cientos de desconocidos coterráneos les provocan los tranvías halados por mulas y los flamantes y ruidosos coches de motor.

Pero el maestro no deja de lado las tinieblas que envuelven los destellos del Irapuato de los albores del siglo XX, y así, en sus tintas, el artista resalta la juventud del Puente de Guadalupe  -hoy negándose a morir- reaviva las llamas que  incendian el Portal Libertad y resucita al Convento de los Franciscanos y al kiosco del Jardín Principal, ambos derruidos por la guadaña de la guerrilla del acerocristal y por la burocrática piqueta, todo en aras de la modernidad.

Irapuato de luces,  Irapuato de sombras. Luces y sombras de Irapuato.

Irapuato del ayer, reviviendo en el hoy, Irapuato del antaño resurgiendo en el antaño resurgiendo en el hogaño. Imágenes desvanecidas en el tiempo, pero que hoy vuelven a renacer, a cristalizarse, a ser, y a tener vida, en esta caja de arte, gracias al toque genial de Antonio González Juárez

 

 

Salamanca en una Caja de Arte

 

El maestro Antonio González a principios de los años 80’S, pintó a salamanca, por encargo del Padre Camilo Montes Vega. El Templo Expiatorio, la Estación del Ferrocarril, el Templo del Señor del Hospital, el edificio que alberga el Ayuntamiento, la Casa de la Inquisición, el Convento de San Agustín, La Procesión del Silencio, la calle Zaragoza, el Jardín Principal, los Puentes, la Feria en Nativitas y tintas del paisaje urbano de esa noble Ciudad, con el fin de que el pueblo salmantino tuviera en su poder tan bella colección, pensó y lo llevó a la imprenta esos óleos y tintas, para conformar una  Caja de Arte.

A la que el Padre Camilo deja su dedicatoria:

A la muy Noble y Leal Ciudad de Salamanca, Gto. en el Año del Bicentenario de los Retablos Dorados del Templo de San Agustín, como un homenaje de gratitud y afecto a cada uno de su habitantes

Octubre de 1982.

Camilo Montes Vega

 

La presentación de esa Caja de Arte Colección Montes – Vega fue firmada por Luis Aurelio Sánchez Pérez, un fragmento transcribimos a continuación:

        … Hace ya más de 20 años que llegó a Salamanca, pletórico de entusiasmo juventud e  imbuido de amor a sus semejantes, Fray Camilo Montes (….)

Poco tiempo después en 1966, la circunstancia trajo a Salamanca a un joven pintor irapuatense: Antonio González. Su obra, hasta esos momentos, modesta pero luminosa, empezó a agigantarse paulatinamente. Como todo lo bueno, evolucionó con intervalos de chispazos de genio y de constante búsqueda renovadora.

El Padre Camilo y Antonio González se conocieron, y para bien de nuestro querido solar naciente, en esta cúspide de su aún fresca madurez, se convierte en los re descubridores de nuestra egregia ciudad: recostada a la vera de su Lerma-el Madonté  de leyenda-, en la equidistancia de la llanura pródiga, símbolo y síntesis de la nación generosa, con la angustia (…)

¡Qué grata sorpresa es el re-encuentro de hombres y cosas a través de las pupilas luminosas del arte! Es fiesta para el espíritu.¡Interminable agradecimiento para aquellos que han realizado y recopilado esta serie impresionante de bocetos y pinturas!.

(Padre Camilo y el Maestro Antonio González)

La gratitud  debe hacerse extensiva a todos los salmantinos, -a los de aquí y a los que de fuera han llegado- que con su empeño cotidiano, construyen y transforman el hogar común; muy especialmente a los que con sus aportaciones han hecho posible la impresión de una obra de arte como esta, que ha de servir de inspiración a las futuras generaciones, que como la nuestra, sienten el privilegio y la responsabilidad de vivir en este oasis promisorio de la Patria ¡Salamanca!

 

 

Casa del Inquisidor

 

 

 Portal de los Bravo

 

Jardín principal

 

 

Templo Expiatorio

 

 

Àgora Marzo-Abril 2013

Muebles y Ornatos Añejos

en Edificios Clericales

 

Héctor Gallardo

         Aunque la parte primordial es el culto que se le rinde a la Virgen de la Soledad patrona de los irapuatenses por medio de su bendita imagen de bulto, el recinto en que esta situada se encuentra lleno de ornamentos que contienen en sí una riqueza histórica importante para la ciudad de las fresas.

La frescura del lugar con aroma a humedad y la tenue luz que se infiltra por las ventanas se hacen propicios para aquellos feligreses que en busca del auxilio divino se refugian hasta llegar de hinojos al altar de la patrona de Irapuato.

Magnifico templo denominado comúnmente como “La Soledad”, aunque su nombre verdadero y completo es el de Santuario  de Nuestra Señora de la Soledad, fue edificado en la segunda mitad del siglo XVIII y es donde se alberga principalmente a la Virgen venerada en la advocación de la soledad.

Ahí en su interior -entre otras obras de arte-, se encuentra precisamente el arcaico “Púlpito” que en otrora tiempo serviría como plataforma desde la cual -y dada la altura que proporciona-, el prelado dirigiera el mensaje, la homilía o sermón a los parroquianos.

Madera de pino y caoba es al parecer con lo que fue realizado dicho púlpito. Carpinteros y artesanos -que con el paso del tiempo se han olvidado sus nombres-, detalladamente incluyeron en su obra los rostros de los cuatro evangelistas como ornato de esa tribuna de madera. Si, es la faz de los escribientes de los libros del nuevo testamento de Ntro. Sr. Jesucristo quienes embellecen el derredor del estrado.  

Conocida también como “la tribuna”, se encuentra en el ala derecha del bello y legendario edificio de la Soledad. Pareciera que charla u ora con las demás ornamentaciones que al igual que éste se encuentran estáticos e inmóviles siendo hasta nuestros días mudos testigos del paso del tiempo de esta ciudad. Estatuas de santos, cuadros, y arte sacro adornan el Santuario de Ntra. Sra. de la Soledad.

Desde ese púlpito los sacerdotes orientaban a los parroquianos,  pero hoy está ya en desuso. Subir –actualmente- en él resulta ocioso, pero la experiencia que proporciona es única,  vale la pena hacerlo; los escalones de vieja madera crujen como reclamando que su tiempo ya pasó; nadie debe incluso subir ya a él; no hay para que; solo debe ser admirado desde abajo. No obstante ello, se torna irresistible el deseo de ocupar por breves momentos esa tribuna que desde su altura deja apreciar una  perspectiva que pocos, salvo algunos clérigos han podido disfrutar.

Existe otro. Su similar, se encuentra en el diverso templo de la tercera orden. A cargo de los franciscanos. Pero éste no se sitúa en ninguna de las alas del templo, sino en el estrado principal del altar. Bello y antiguo como el de la Soledad, aunque de tonalidad mas clara en su color, no deja de ser ahora solo un bello adorno que debe ser perpetuado en el tiempo.

La historia, la arquitectura, la escultura, la pintura, los muebles y ornatos giran en torno de la fe. Los templos de antes son casi museos de ahora que además de brindar sosiego a las almas, proporcionan un deleite visual que invita al recogimiento del espíritu.

 

 

 

El templo de la Soledad alberga además de la Virgen del mismo nombre, bellos ornamentos

 

El Pulpito que sirviera de Tribuna desde la cual los prelados se dirigieran a la feligresía por décadas, esta ahora en desuso.

 

 

 Los rostros de los cuatro apóstoles se encuentran artesanalmente incluidos en el viejo púlpito del templo de la Soledad.

Ágora Noviembre-Diciembre 2012

Destacados

                   Premio Nacional de Cuento.pdf (47,7 kB)  

               Rojo Amanecer.pdf (99,9 kB)