ÁGORA JUNIO-JULIO 2014

 

 

Efraín Huerta: barrio de las 4 esquinas


Elvira García


Un hombre que confiesa escribir un poema durante el alto de un semáforo; que se identifica con el cocodrilo simplemente por la pereza; que se enoja si se le habla mal de Sofía Loren; que presume de ser —en la zoología fantástica— el único ejemplar hijo de un saurio y de una paloma azul; que confiesa que el cáncer le hizo “lo que el aire a Juárez”, pero que la poesía lo tiene agonizante porque no lo deja un minuto en paz; y que, después de todo, vive y bebe como desesperado; ese hombre es Efraín Huerta, no cabe duda.

Huerta es y será siempre el hombre y poeta militante de la izquierda política, de la más auténtica y que él llama “primitiva”; sus poemas son producto de la línea vertical aceptada desde sus años juveniles allá en Silao, Irapuato y Querétaro cuando hacía sus pinitos literarios y políticos en periódicos escolares; Efraín es el poeta que no acaba nunca de llenarse, el militante que no transige, que honra y canta a la libertad de los pueblos y arde y se revela contra los otros, los tiranizados.

Ganador del Premio Xavier Villaurrutia y, recientemente, del Premio Nacional de Letras 1976, Huerta es, Junto a Ernesto Cardenal, Mario Benedetti, el desaparecido Roque Dalton y otros más, uno de los exponentes más claros y de la poesía política latinoamericana.

Ha escrito más de 20 libros de poemas y, aunque el reconocimiento público u oficial llega retardado, la obra poética está allí, en las manos de muchos jóvenes que son,  al final de cuentas, los que más le interesan al poeta.

Para llegar a él, sólo basta tocar la puerta. Es un hombre de engañoso cuerpo joven y rostro ya marcado por el paso del tiempo: se rodea de libros a los que cuida afanosamente, sacude, revisa, y reconstruye como un gran cirujano, es un hombre al que la voz se le ha ido, no así la palabra escrita, con la cual crea maravillas expresivas de brevedad, gracia y agudeza; leer su texto es como leer alguno de sus poemínimos, donde -según él- todo cabe, sabiéndolo acomodar.

¡HOY SÓLO ESCRIBO POR AMOR!...

¿Cuál fue la circunstancia por la que escribió el primer poema de su vida?

_Circunstancias de paisaje: el del Bajío Guanajuatense, y circunstancias escolarmente idolátricas, que aún perduran: el amor al padre Hidalgo, tan poderoso como el que le tengo al señor Morelos. El poema se llamó así, precisamente Poema del Bajío, y fue publicado en un periódico de oposición, claro está, en  1932.

¿Existe o existió el conflicto de creación: esto es lo que quiero hacer, , y para qué sirve?

_Nunca me he preguntado para qué sirve un poema, ni siquiera al estar escribiendo poemas de encargo como el Canto a la liberación de Europa, o Declaración de guerra. El poema ¡MI país… oh mi País, lo escribí al amparo de la indignación por la forma en que el gobierno del casi beatificado López Mateos reprimió a los maestros y a los ferrocarrileros. Este poema fue dictado de un tirón, al medio día del 4 de abril de 1959.

¿Tiene usted una disciplina de trabajo como la tienen algunos novelistas o poetas?

_No planeo nada y carezco de disciplina.  Sí, ya sé que se nota pero así ocurre. Abomino el cuello duro en la creación y me río de quienes dicen que escriben de ocho a doce, o de una de la madrugada a siete de la mañana.

Esas son mañas oficinescas.

Un poema se escribe por amor, felicidad, rabia….¿bajo que sentimiento escribe Usted?

_Hace muchos años se escribía –yo al menos- por todo. Hoy solamente escribo por amor y porque me divierto mucho haciéndolo  sobre todo poemínimos, esta forma poética que tanto irrita a cierta crítica y que tantos imitadores tiene ya…  infelizmente…  Digo Infelizmente, porque ya he dicho que si bien todo cabe en un poemínimo, hay que saberlo acomodar.

Su hija Raquel la más pequeña  aprobó los poemínimos diciendo: “Son cosas para reír” Huerta por su parte, sonríe un poco cuando intenta relacionar el poemínimo con el ideograma chino.

Su única relación es con la pereza” dice “los otros son o pretenden ser, poemáximos

¿Cuál es el alimento de un poeta?

_Lo ignoro. Yo en algún sentido, creo estar sobrealimentado; en otro, sobrebebido. Pero en fin, mi alimento básico es la alegría, siempre el paisaje, ahora el michoacano. Por proteínas no paro. Y si agregamos un buen trago, todo alcanza a la perfección o casi.

SE GESTA UN PAVOROSO BOOM POÉTICO…

Durante algún tiempo se consideró la poesía como literatura para élites, ¿este concepto ha cambiado en México?.

_De todo hay  Muerte sin fin, fue el poema más famoso. Se editaron en 1939, quinientos ejemplares. Circuló poco, mejor dicho casi nada; muchos años después, en los almacenes de la Editorial Cultura se hallaron docenas y docenas de ejemplares. Quiere decir que fue para una élite la que impulsó hacia una merecida fama un poema críptico. Un poema que a mí, en lo personal, me parece genial.

¿Por qué no existe un Boom poético, así como lo hay de prosa latinoamericana?

_Bueno en México se gesta un pavoroso Boom poético, auspiciado por la recién nacida Asociación Nacional de Poetas – ANDEPO-, cuya presidenta es la guapetona Nina Legrand. Los “consagrados” tendrán que esconderse en la montaña, o en la Casa de la Cultura de Aguascalientes. Si lo considero prudente, yo iré a Cocula, a refugiar con mi amigo el alto poeta Elías Nandino.

En México los poetas tienen dificultades o tropiezos para salir adelante?

_¿Sólo en México tiene tropiezos  el poeta?. Yo sospecho que en todo el mundo. Y son muchos, desde los familiares y los sociales, hasta los editoriales. Pero, bueno, quien más tropiezos  padeció fue un genio llamado Rimbaud. Miles de poetas tropiezan, caen, se levantan y se entregan a los juegos florales. Son felices cargados de flores naturales.

Una aceptación de la poesía actual ¿podría tener como razón principal –utilizando palabras de Ernesto Cardenal- el que ésta no vaya más al subjetivismo o al lirismo onírico?

_La poesía actual se ha despojado del sobrepeso del lirismo que la mantuvo varada. Se ha liberado, es más directa y su lenguaje se escucha, a veces, a gritos desaforados. La veo más limpia, más fraternal, más humana. Con ella se ha experimentado demasiado. De igual, la palabra siempre tiene la palabra, y si es palabra poética…  mejor.

LA INFANCIA PROVINCIANA

La infancia de Efraín Huerta: panes, melones, fresas, los Santos Reyes, margaritas sobre el ataúd de su hermana Melita; todo ello vivido en el Barrio del las Cuatro Esquinas. En IRAPUATO, en donde hizo párvulos y segundo de primaria. Donde vivió de atole, piloncillo y frijoles, envuelto en la miseria. A pesar de esto con buenos recuerdos.

Viajaron a León y su madre tuvo que tejer colchas con hilaza, para sobrevivir; mientras tanto Efraín Vendía periódicos, repicaba las acampanas de la iglesia y ponía en su sitio los puentes de madera que las terribles lluvias tiraban.

Confiesa que fue malo para jugar canicas y peor para volar “guilas” y papalotes y que, las primeras melodías que aprendió fueron “El prisionero de San Juan de Ulúa” y “Un viejo amor”, que interpretaba mientras su madre tejía sus colchas  que vendía en una miseria, pero que daban para comer.

¿Se siente un poeta completo?

_Soy irreflexivo, indisciplinado, ignorante. Casi nunca corrijo. Luego entonces, siempre seré, prácticamente, un incompleto. Además me falta Sofía Loren.

El reconocimiento tardío a su obra ¿tiene algo que ver con su posición política?

_Nada absolutamente. Soy militante de la mejor izquierda, la primitiva, desde 1935, no la izquierda de porros;  en ese año aparece mi primer libro y la crítica me favorece con magnificas notas.

También me estimularon: Rafael Solana, Rafael Alberti, Carmen Toscano de Moreno Sánchez, don Genero Estrada, Álvaro Arauz, Agustín Velázquez Chávez.

En 1956, los bravos editores de Metáfora, Jesús Arellano y A. Silva Villalobos, me publicaron Estrella en alto. Me sacaron de algo parecido al olvido, no era olvido de nadie, sino pereza mía.

Usted ha escrito poemas de odio a la ciudad, ¿de verdad la odia?

_No la odio. Las pobres ciudades, ¿qué culpa tienen de mi neurosis?.  Cuando escribí Declaración de odio  –a la Ciudad de México-  en la prepa y en la Facultad de Leyes, mis íntimos me llamaban “El Flaco Neuras”. Del odio al amor no hay más que un paso a desnivel. Resultado Circuito Interior. Está claro Praga es mi novia, México es mi ciudad amante,  amantísima. La ciudad de Morelia, Michoacán, es mi pasión.

¿Qué opina Usted de la reanudación de relaciones México – España?

_ Me ha parecido un gesto de servilismo y sumisión.  Lo grotesco, ya que andamos en el pantano diplomático, es el nombramiento de un sujeto como Barrios Gómez como embajador en Canadá; en cuanto al embajador en España, puedo decir que la España franquista,  la oligarquía gachupina, el clero tan poderoso, los falangistas y demás, tienen el embajador que se merecen.

¿Podría hacer una evaluación de su vida, como hombre y como creador, ahora que está por cumplir 63 años?

_Detesto hacer balances vitales y creativos. Pero puedo decir: tengo cinco hijos maravillosos y veinte libros publicados. Cada día es una sorpresa, después de los poemínimos, he inventado las almidas (anda entre las gacelas y casidas árabes), especie de madrigales. Las hice en honor de una excelente amiga que tengo en Morelia., Alma García Alcaraz.

Uno de sus poemas dice: Esta conspiración de la vida para hacer más larga mi agonía. ¿Qué podría decir al respecto?

_Se impone la vulgaridad: todo lo que vivo ahora, después de 1973, es ganancia. “Ya lo salvaron de la muerte” me dijo el cirujano Roberto Garza, “ahora queremos que Usted aprenda nuevamente a vivir…”.  En eso estoy, a mis endemoniados 63 años -los que cumpliré el próximo 18 de junio- : viviendo con furia, bebiendo con  verdadero placer y trabajando como un ángel.  Después de todo, en la zoología fantástica, soy el único ejemplar de hijo de un saurio y de una paloma azul. El Gran Cocodrilo.

El presente material fue tomado de la revista Proceso, año 1 no. 26, p 72,73. 30 de abril de 1977. La cabeza original de la entrevista  es: Efraín Huerta: 63 años de vivir con furia

 Posteriormente -con autorización- apareció en ÁGORA,  año 2, no. Número 11, p 7,8  noviembre de 1996

 

Efraín Huerta

 

Casa donde nació Efraín Huerta en Silao, Gto.

 

NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2013

La Vida no Vale Nada

Adriana Rendón

 

La Vida no Vale Nada

Adriana Rendón

 

“…porque canta como nunca, porque gana batallas

después de muerto, porque

sigue siendo El Rey”

 

Joaquín Sabina

 

Dolores Hidalgo, Guanajuato.-  En toda la Ciudad se escuchó la voz de José Alfredo Jiménez a 23 años de su sentido fallecimiento, se vivió un “fiesta luctuosa”, gente de todo el País, mexicanos avecindados en  California, Chicago, Atlanta, Texas y oros lugares de los Estados Unidos estuvieron presentes el pasado  sábado 23 de noviembre, aquí donde nació  el gran compositor, para escuchar sus canciones, para cantar sus canciones, para visitar su tumba y decirle con emoción “para nosotros , no has muerto”.

Eso sí, la ingratitud es propia del ser humano, por ello la ausencia de aquellos que han logrado el éxito o  la cima del estrellato cantando su música.  Los famosos no estuvieron.

El pueblo para quien el cantó, ahí estuvo como siempre.

En el panteón municipal, frente a su tumba, cuando el reloj marcaba las 16:30 horas, dio inicio la conmemoración con una misa que se ofreció por el eterno descanso del alma de José Alfredo Jiménez Sandoval.  El sacerdote, cura de la Parroquia de Dolores, Juan José Pérez Parra, dijo en su Homilía,  José Alfredo nació para unir  el sentimiento de muchas personas, lo hizo bien y trascendió fronteras no sólo de la patria, sino de la materialidad, logró tocar el espíritu del ser humano.

Cuántas de sus canciones que se cantan con fervor nos han servido de meditación personal, han servido para formarnos un punto de apoyo, de comparación para volver sobre nosotros mismos y muchas veces a valorar el tiempo, la vida; el don de Dios en nuestra persona: EL AMOR

Hombre singular, hijo de este pueblo, querido y recordado que ha logrado reunirnos hoy. José Alfredo fue un hombre entregado a una vocación, un hombre que dedicó los mejores años de su vida a tocar las cuerdas  más íntimas del corazón de los mortales, él vino con una misión y la desempeñó, la humana debilidad también lo tocó, y hoy estamos aquí reunidos sus familiares, amigos y paisanos para pedir a Dios: Perdónalo Señor…  si en algo te faltó

 José Alfredo Jiménez Gálvez, hijo del autor de tantas y tantas canciones que enriquecieron nuestro folklor, acompañado por su esposa y de sus dos pequeñas hijas, así como de familiares cercanos, fueron testigos de la devoción del pueblo por su ídolo.

Una estudiantina integrada por estudiantes del Politécnico y de la UNAM, cantaron la misa y posteriormente ante su tumba interpretaron canciones como “Ella”, “El Rey” y desde luego “Caminos de Guanajuato”, que es un himno a esta Tierra. Mientras sonaban las notas musicales, en el cementerio, ÁGORA, entrevistó a José Alfredo hijo:

A 23 años del fallecimiento de su padre ¿qué dimensión ha tomado su obra?

(Emocionado visiblemente nos dijo)

_Su obra ha tomado dimensiones increíbles, lo digo porque los intérpretes jóvenes y de todos los géneros, tropical, instrumental y semi-clásico día a día o interpretan, a 23 años de su desaparición física su obra sigue viva y es aún más importante gracias a su calidad y desde luego a los medios de comunicación actuales, yo he conocido gene de Europa, de Asia, de muchos países que conocen las canciones de mi padre y eso me llena de orgullo, y también me lleva hacer una evaluación, creo que José Alfredo Jiménez  es uno de los pocos autores de música popular que tiene una obra tan importante a tal grado que creo que no hemos logrado contemplarla en su real dimensión, cuando se difunde en todo el mundo.

Tengo un socio coreano…   nosotros trabajamos sobre la música, en una ocasión reunidos en un restaurante escuchamos “El Rey”, entonces le dije que esa canción era de mi padre, se sorprendió y me contestó que él la había escuchado por primera vez 20 años atrás. Más sorprendido me quedé yo al enterarme.

El presidente de Yamaha en México, un japonés, me dijo también que las canciones de mi papá las conoció en su País, desde hace también, casi 20 años.

Los alemanes, los japoneses sienten la canción ranchera, sienten como nosotros cuando nos gustan las canciones de otros países, en otros idiomas que no entendemos pero que sí sentimos, que sí nos llegan al corazón. En el caso de las canciones de José Alfredo la fuerza de sus palabras comunícan y en muchas ocasiones estremecen el alma.

 

Dejamos al señor Jiménez Medel, compañeros de los medios le reclamaban…

 

Malena Azanza Jiménez, sobrina del compositor -hija de la hermana mayor de José Alfredo-  conversó con esta revista cultural, y emocionada destacó:

Como dolorenses nos sentimos muy orgullosos de que él quisiera quedarse aquí. Platiquen con mi hermano Pepe, él fue la gente más cercana a Féllo, así le llamábamos a mi tío de cariño. Por nuestra parte estamos trabajando con el Comité que precisamente se denomina “José Alfredo Jiménez”. Quisiéramos encontrar más cooperación en el ambiente artístico para que vinieran a cantar sus canciones y tenemos también como una meta logra que las autoridades gubernamentales nos ayuden a comprar la casa donde él nació para convertirla en Museo.

Hombre muy respetado en esta Ciudad, José Azanza Jiménez, siempre priista, dirigente de la “Fundación Luis Donaldo Colosio”, abogado, sobrino y sobre todo amigo de José Alfredo Jiménez.  Nos recibió en la tranquilidad de su casa, su casa familiar de bella arquitectura colonial, con todos los años encima pero conservada como un museo, en su interior  muebles antiguos, y decorada con objetos de arte, herencia de sus antepasados. Tal ambiente nos dice que el compositor de “El Hijo del Pueblo” nació  en pañales de seda.

La casona se localiza a unos pasos de la Parroquia de Dolores, la misma desde donde el Padre de la Patria dio el grito de independencia la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

Pedimos a Don Pepe nos hablara de su relación con el inmenso José Alfredo;  hizo recuerdos y nos contó:

Hace un momento en otra entrevista comentaba  que después del Festival que se llevó a cabo cuando José Alfredo cumplió 25 años de compositor  -ocasión en que estuvo el Mariachi Vargas de Tecalitlán y Juan Gabriel, muy jovencito-, estábamos en su casa y mi tío  me dijo

“Pepe la emoción más grande de mi vida se la debo a mi pueblo por este homenaje que de manera espontánea me ofrece en mis 25 años de compositor”.

En el atrio, durante el festejo, José Alfredo  como un presentimiento que externó muy sentidamente dejó en claro: que  de ninguna manera pretendía la Rotonda de los Hombres Ilustres cuando falleciera, sino que les pedía  que lo enterraran en su pueblo.

Tal parece que ya lo presentía y lo constaté en una plática que tuvimos ya en privado en la casa de Ustedes;  que como un testimonio de gratitud a su pueblo iba a instituir  el 17 de diciembre,  un Festival y decía

“Yo me comprometo a traer a mis mejores intérpretes  y todo lo que se recaude  que sea para una escuela, pera beneficio de una colonia, en fin para cualquier obra de contenido social que Ustedes consideren  necesaria” .…  se quedó reflexionando unos segundos y dijo

 “Bueno con que lo logre una vez, porque ya después de muerto con mayor razón seguirán viniendo… “

y  lamentablemente no  llegó al año, él murió el 23 de noviembre de 1973.  Extrañado yo casi le reclamé ¿por qué esa idea tan fija sobre la muerte José Alfredo?  

“Bueno Pepe –me respondió-  es que somos seres finitos y vamos de paso”. 

 Yo lo sé  -continúo el diálogo- tú eres joven tienes 47 años…   

 “Uno no sabe –dijo  y agregó-  no creas que fue un arranque de emoción lo que dije en el atrio (de la Parroquia de Dolores), no, no, yo quiero que me entierren en mi Pueblo, en el panteón municipal, rodeado de mis gentes y como epitafio quede grabado:   La  vida no vale nada.   José Alfredo Jiménez

… y te hago responsable de esto”

El 23 de noviembre que falleció, Gómez Barrera presidente entonces de la Asociación de Autores y Compositores, estaba haciendo los trámites para que fuera enterrado en el panteón Jardín, a un lado de Jorge Negrete; cuando yo escuché ese diálogo intervine y aclaré:  “nada de eso Maestro, yo tengo esa responsabilidad y tengo pruebas documentales”

“No ni me lo diga Licenciado” expresó Gómez Barrera y ordenó autobuses y se trasladó con otros personajes a Dolores. Se  llevó a cabo un homenaje  en Palacio Municipal y se sepultó como él lo quiso, se ofició una misa. Era un río de gente  que no permitió que  lo llevara la carroza…  sobre los hombros de su Pueblo fue llevado hasta la tumba, hasta el lugar que decidió en vida  y creo que eligió bien su morada donde no le faltan rezos, lágrimas o el tributo de sus propias canciones y cada año, cada 23 de noviembre, estamos de fiesta, en cuanto que es una conmemoración luctuosa que trasciende en alegría de su pueblo, presente su herencia:  sus canciones…

Licenciado  -le interrumpimos-   José Alfredo Jiménez que nació en pañales de seda ¿cómo logró esa identificación plena con su Pueblo?

-Después de análisis y profundas reflexiones, he llegado a la conclusión de que José Alfredo fue de esos seres tocados por la varita mágica a través de Dios y no se puede dar otra explicación, porque él no sabía nada de música, nada absolutamente nada;  no tocaba ningún instrumento y componía de manera simultánea  letra y música…  porque si no “se contaminaba” decía…  y con una métrica perfecta, tanto así que Tata Nacho se quedaba sorprendido.  Una vez tuvo José Alfredo la intención de estudiar música y el Maestro Tata Nacho le dijo “No lo hagas, tus canciones son como piedras preciosas en bruto y no las vayas a pulir porque las acabas, con esas aristas que surgen de manera artificial, deja que ese torrente de inspiración que Dios te dio, brote de manera natural”.

José Alfredo Jiménez era un hombre de extrema sencillez que rayaba en la humildad, por eso cantó “El Hijo del Pueblo”. Por eso cantó el 15 de septiembre en su solar natal “Camino de Guanajuato”  que se convirtió en un himno para la Patria chica.

Licenciado  Azanza y se entendió  el porqué de una tumba modesta para el ídolo

_En una ocasión estando yo en el panteón  a 15 días de haber fallecido, que fui a visitarle, cumplí su voluntad, él quería una tumba humilde, recuerdo que en un tablón de mezquite en pirograbado decía “La vida no vale nada” pero de manera muy modesta…   Estaba yo ahí cuando vi llegar dos carros con placas de Colombia, bajaron algunas personas, llegaron hasta donde estábamos dos amigos me acompañaban, los recién llegados no esperaron mucho y preguntaron “Perdonen, son Ustedes de aquí, de Dolores? ¿Conocieron a José Alfredo?”...   Sí, respondí él era hermano de mi madre…

“Pues, no voy a resistir expresarle lo siguiente –me dijo uno de ellos- qué vergüenza deben sentir Ustedes los dolorenses, por la forma en que se encuentra, de abandono, José Alfredo. Nosotros somos de Colombia, de Bogotá, y lo queremos tanto que hicimos este viaje ex profeso para saber donde quedó José Alfredo ese hombre que en Bogotá compuso  “Te solté la rienda” y tantas canciones, allá es un ídolo, si hubiera fallecido en mi patria y fuera nuestra gente estaría en un mausoleo”.

Entonces yo les conté el motivo… lo que ya relaté, ellos, los colombianos me escucharon; pero no se fueron satisfechos. Así como ellos mucha gente  no lo acepta.

A través del tiempo ya se encuentra una tumba más digna, el Pueblo y los Ayuntamientos lo han querido así, y hay proyectos no  solamente para mejorar la tumba, sino para erigir un monumento a  José Alfredo y que al mismo tiempo se convierta en museo de su obra musical y que se tenga la exclusividad  -se puede lograr gracias a la Sociedad de Autores y Compositores-   de vender esa su obra,  que está integrada por 573 canciones y que las ganancias se reviertan en bien del Museo, que a su vez tendrá taller de música para el encuentro de nuevos valores de Guanajuato y de México.

¿Qué respuesta se ha tenido de las disqueras y de la Sociedad de Autores y Compositores, para realizar estos homenajes póstumos?

_Bueno… hubo ese apoyo, platicaba yo hace un rato que estuve al frente del Comité, un grupo muy representativo  de autores y compositores entre ellos, Claudio Estrada, Roberto Cantoral, Tomás Méndez…

Me refiero a este momento, porque en esta celebración deberían estar presentes muchos  que comen de la música de José Alfredo, igual las disqueras

_Tiene toda la razón, Autores y Compositores debe participar mucho más, vamos a poner cuidado en invitarles.

Le pregunté a Tomás Méndez -tiempo atrás-, cómo andaba de regalías José Alfredo y me dijo “Mira Pepe, José Alfredo sigue vivo, no le dieron el tiro de gracia; está por arriba de  Agustín Lara, de Juan Gabriel y de Tomás Méndez, ni se diga”.

Entonces si alguien tiene la obligación de participar aún de manera económica, es precisamente Autores y Compositores y porque viven muchos de su obra musical, están obligados a participar de manera directa, entusiasta y decidida en estos homenajes.

Muchos artistas ante las cámaras, a través de la radio reconocen abiertamente que gracias a la música de José Alfredo lograron éxitos importantes y destacar en el medio; pero no se les ve aquí en Dolores  Hidalgo en fecha tan memorable ¿se ha invitado a las disqueras? ¿las autoridades   estatales intervienen en la organización de estos eventos?

_No, no se les ha invitado, debemos tener atenciones, hablar con las autoridades y estamos hablando muy a tiempo a dos años de distancia para que se cumplan 25 años del fallecimiento de José Alfredo Jiménez y nos estamos preparando.

Estoy seguro que si hablamos con Luis Miguel que últimamente ha tenido triunfos evidentes  gracias a la inspiración de nuestro compositor seguramente acudirá a rendirle homenaje.

El español Joaquín Sabina  que a sí mismo se llama “josealfrediano” está contemplado también para que nos acompañe en el homenaje del 98.

Una cosa muy interesante que hay que decir: José Alfredo nunca estuvo en Europa en plan artístico y como turista sí viajó al viejo continente.  Y algo a destacar: en Italia compuso  “Las Ciudades” esa canción tan hermosa.

Algo más que quisiera decir a los lectores de ÁGORA…

_Ya en su oportunidad  platicaremos más. Pero como dolorense, como familiar de José Alfredo, por haberle conocido tanto y admirado más…   les agradezco su entusiasta apoyo en memoria de José Alfredo Jiménez, estoy seguro que así lo hubiera hecho él, mi precio de haber logrado una identificación muy grande con  él y de ser correspondido.

Cuando ya estaba muy enfermo le visité en el Sanatorio Durango, en la Colonia Roma, de la Ciudad de México; entonces me dijo “Devolviéndome la   visita Pepe –porque cuando yo me accidenté, suspendió él una gira que haría por Sonora, lo recuerdo vino a visitarme al hospital- y agregó se está acercando el viaje a Dolores”.    Le contesté: NO únicamente este viaje Féllo, serán 5 ó 10 viajes más para jugar dominó, para saborear  la nieve que tanto te gusta, allá en el jardín…   y respondió  “No tú me entiendes, te recomiendo que cumplas con tu palabra dada” , a lo que contesté: José Alfredo, yo me hablé de tú con la muerte   y aquí ando con mucho entusiasmo, con mucha fe en Dios , y me dijo “Yo también he estado hablando con ella Pepe…. Pero que terca es…”

 

Mientras se realizaba esta entrevista, casi las nueve de la noche; en el jardín principal sobre el escenario montado ex profeso  con vista al atrio de la Parroquia desde las 18:00 hs. , cantores y cantantes llegados de todos lados rendían homenaje a José Alfredo Jiménez, interpretando sus canciones ante más de tres mil gentes, tres mil de sus fans… así transcurría  el tiempo… eran ya pasadas las 11 de la noche, el frío apretaba y el corazón ardía.

 

José Alfredo Jiménez  -hijo-

 

Entrevista con José Javier Villareal

 

Podando poesía en español

Ivonne Mancera García

Platicar con José Javier Villareal, traductor y poeta de 54 años, nacido en Tijuana, Baja California, es como encontrarse en medio de un verdadero poema, por el romanticismo con el que habla de poesía, de las traducciones como actos de amor, y los cursos-talleres de poda de textos.

Villareal fue el encargado de dirigir el curso-taller que se realizó por toda una semana, cuatro horas diarias, en la Casa de la Cultura Chinacos, a mediados de agosto, para que 14 interesados en la poesía, pudieran bailar con él, organizado por el Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación (IMCAR).

Egresado de la carrera de Letras en la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde actualmente radica y donde nació su padre, Villareal está enamorado de la poesía y de la traducción de poesía.

“Si no me enamoró, no hay traducción (…) para mí las traducciones son actos de amor, si me emocionó con un poema me entra la urgencia de querer que esté en español, porque no me siento cómodo leyendo en otro idioma, yo  me enojo, me pongo tierno, aburrido, todo en español”, dice.

El inglés y el portugués son las lenguas que maneja, pero no se considera un profesional en la traducción, mucho menos a la hora de cobrar por sus trabajos, dice que cobra por accidente, después de ver si no hay una traducción de otro texto, pero lo hace por placer, nada más.

A José Javier, con una maestría en escritura creativa, en la Universidad de Texas, en El Paso y un doctorado de Siglo de Oro en el colegio de Michoacán, le llama la atención la reflexión en torno a la poesía, por lo que aceptó dar este curso-taller.

“…Escribo ensayos sobre poesías, todo gira en torno a la poesía, los se han desprendido en la reflexión en torno al lenguaje poético, a la imagen, a la contemplación, al ritmo, y al papel que juega el lector dentro del poema”, explica.

Una semana no es suficiente para un curso-taller de poesía, no lo es para que las palabras, los textos, se perfeccionen, incluso, Villareal pone el ejemplo de Ramón López Velarde, escritor mexicano, que para una sola frase, le tomo 5 años madurarla.

“López Velarde publica dos libros en vida, la ‘Sangre Devota’ y ‘Zozobra’, en la primera línea encontramos escrito ‘una íntima tristeza’ y cuatro o cinco años después,  ‘una íntima tristeza reaccionaria’ en Zozobra, que es una línea tremenda”, dice, mientras sostiene sus libros, las últimas antologías que tradujo.

 El taller-curso se realizó en dos partes, para que fuera más dinámico, con un límite de integrantes, siendo la primera parte, la lectura de varios ensayos donde los participantes realizaban preguntas y comentarios.

Después, viene la lectura de autores consagrados, de dos libros, uno llamado “Poesía en Movimiento” y otra antología brasileña del siglo XX, para manejar la lengua que tanto el tallerista como los amantes de la poesía, ocupan para escribir.

“Leo un poeta mexicano, un brasileño, más o menos de la misma época, platicamos, discutimos, vemos las tendencias o la forma del lenguaje, de las imágenes, del ritmo, y en las últimas dos horas, que son las más delicadas, intensas, celebratorias y cansadoras, que es el trabajo de taller”, dice.

El taller es violento, a opinión de Villareal, porque no se tuvo tiempo de leer y analizar el texto en casa, lo escuchas y ves cómo puedes podarlo, qué le sobra, pero no qué le pondrías, eso implica más tiempo.

 “…Estamos trabajando un texto de literatura con la pretensión de ser publicado se conciba, ya no estamos en una confesión y ante un testimonio emocional, es un texto que se pretende, sea leído por varias personas”, comenta.

Escribir se hace en solitario, y eso el tallerista de Tijuana, escribir no es nada más ir plasmando versos, sino que esos versos vayan danzando en una especie de vals, un vals que obliga a los pies y a las caderas a ese vaivén, igual que el que hace sentir Villareal cuando explica la poesía.

“Es un curso-taller muy veloz, muy intenso (…) el texto no se termina, lo abandonas, tengo la necesidad de escribir, lo hago pero luego tengo que convivir con el escrito, y contrastar ese poema con otro, y eso influye, la cercanía de uno con otro, la forma es lo mejor que a uno le puede pasar, pero la forma se puede convertir en formula”, advierte.

La fórmula es lo que Villareal advierte, sucede en el género de la novela y con los novelistas, que padecen por la presión de sus editores y de su compromiso por publicar, publicar  y publicar.

“…En la mesa de novedades lo primero que te encuentras son las novelas, entonces ves las novelas, vuelves a la semana y son otras, y otras, y otras, vas a la sección de poesía y son los mismos, al tener un mercado la novela, es muy volátil”, dice.

Con el boom de las redes sociales, Villareal recuerda algo nostálgico cuando se podían encontrar los libros “inconseguibles” en las banquetas, algo que sucede ahora con los buscadores.

“Antes los libros inconseguibles los conseguías ahí en 10 pesos y los muchachos sabían en qué banqueta había que conseguir a tal autor, para mi ese es el antecedente de las redes, ahora  si veo que hay una facilidad de apropiarse del poema, y eso es algo que me gusta mucho, tú puedes leer una novela o un libro de cuentos, y prestarlo a tu amigo y tu amiga, con esperanza de que te lo devuelva, en cambio, del poema o un fragmento del poema, tú eres el dueño”, finaliza.

Javier Villareal tiene traducciones publicadas en Nueva York, en España y ha publicado, en México, con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en Ediciones sin Nombre.

 

ÁGORA MAYO-JUNIO 2013

 

“En mi Pintura busco siempre la manera de ser Yo”

                                                         

                                                                    Lola de Castro

 

 

“Pintar es una forma de oración al mismo tiempo que de grito.

Es casi una actitud fisiológica,

 y la más alta consecuencia del amor y la soledad.”

                                                                      Oswaldo Guayasamín

 

 

Con motivo del 34 Festival Internacional Cervantino, la galería de  Casa de la Cultura, se convirtió en sede de la obra del maestro Antonio González.

Cervantino siempre, este destacado pintor irapuatense tiene presente ese espíritu en su obra, de la cual, un cuadro pertenece al acervo del Museo Iconográfico del Quijote en la ciudad de Guanajuato.

Color y Perspectivas, muestra que se exhibe, adonde González deja ver en su estilo  la fuerza del movimiento y la firmeza de las líneas en el dibujo son  estos elementos dominantes en su pintura; su trabajo con el color revela maestría en las técnicas, pero además revela un conocimiento sólido y un apreciable manejo de la temática. El resultado es una pintura  enérgica, viva, estimulante de gran riqueza cromática; tan libre como la untura de gruesos empastes a espátula, angustiados a veces, y plásticamente bellos.

 

Ahí mismo, en la galería rodeados de esos personajes que deja en su obra creativa, y en esos días cervantinos se dio la entrevista que líneas abajo queda a juicio suyo...

 

 

 

 

_Antonio González ¿Cuándo supo Usted que su vida estaría ligada  a trazos,  a colores, a ese especial aroma del óleo?  ¿Cuándo se dio cuenta que su vida estaba atrapada por los pinceles y los lienzos?

 

_Muy chamaco...  me llevaban a la escuela, era un galerón horrible, donde no me gusta entrar, me agarraba de los barrotes de las ventanas, sin querer desprenderme; pero al fin me metían y ya dentro no me interesaba lo que decía  hacía la maestra, yo me dedicaba a dibujar... camioncitos, camiones. En esa calle donde yo crecí era un paso a Salamanca, era el paso obligado de los camiones pasajeros, era lo que más veía y era lo que plasmaba en mi cuaderno, a esa edad... unos cinco, seis años; no había kinder entonces, así es que entraba uno a la primaria directo. Yo salí... de doce años de la escuela, así es que entre a los seis ¿verdad? Y en la escuela ya me divertía dibujando: “que dibújame esto, que dibújame aquello” , los maestros se daban cuenta, yo pasaba de año fácilmente, casi siempre estaba yo en la dirección  dibujando por supuesto.. al Cura Hidalgo, a Zapata, a Doña Josefa, a los héroes nacionales. Eso fue mi infancia y desde entonces fue dibujar, dibujar… dibujar.

A los catorce años me fui a la Ciudad de México, yo quería ser dibujante de historietas. Y busque una revista. Ahí vieron los dibujos que llevaba, entonces me dijeron “mira Chavo no te recomendamos que tan chamaco te inicies a trabajar en esto, mejor te vamos a llevar con un maestro, para que aprendas más todavía, tienes facultades, tienes habilidad; pero no tienes escuela”. Y me llevaron con el maestro Antonio Navarrete discípulo de Ruano Llopis –pintor español, magnífico-, hablo de la Escuela Taurina; luego entonces tengo los principios de la esa escuela.

El maestro Navarrete tenía su estudio en la calle 5 de Mayo, allí se reunían novilleros, gente del ambiente taurino, tanto así es que ya me andaba dando por los toros; pero  rápido me ubicaron, me dijeron “quieres ser pintor o quieres ser torero”  NO, YO QUERÍA SER PINTOR, y en eso me quedé.

Antonio Navarrete es un pintor muy versátil, pinta retrato, bodegones, pero su fuerte son los toros, se cotiza muy  bien actualmente. Un cuadrito de él, un cuadro de toros no es grande, no se hace grande, son cuadros pequeños 70x50, más o menos en promedio, se cotiza en ciento y tantos mil pesos. Ha estado en España, donde hizo cárteles para corridas, o sea que si hablamos de pintores taurinos, hablemos de Pancho Flores, de Antonio Navarrete, de Ruano Llopis y otros  varios, pero yo hablo de  los grandes.

 

_Maestro, le escucho y no tomo en cuenta su edad, en su relato deja ver una gran libertad, porque  cómo un niño decide y se va a la Ciudad de México... ¿tenía Usted una gran seguridad en sí mismo y hambre por ser dibujante profesional?

 

_Exacto, así fue... absoluta seguridad en mi querer ser. Sí tenía un mundo de sueños, quería dibujar historietas; pero ahí me desviaron y realmente me enseñaron el camino del arte, ya serio, importante, con principios académicos. Navarrete no es un pintor evolucionado en su pintura; él se ha dedicado a lo suyo, a plasmar un realismo que le es muy propio y claro a mí me dio muchos consejos y basta con que yo me haya dado cuenta que el hacer historietas era otro camino; él me mostró el arte serio que nunca antes había visto, iba a ciegas. Entonces empecé a cambiar mentalmente, y aproveché para aprender todo lo que pudiera; luego continué por ese camino y lógico: no faltan envidias, un medio muy difícil.  Llegaban pintores ahí con Navarrete, algunos me estimaban mucho, otros me veían con recelo. Fue un tiempo bonito... fueron cuatro años.

 

 

_Le afectó...  le puso a pensar esa reacción de los pintores que llegaban con Navarrete, y se plantaban a verle pintar 

 

 

_No,  me dediqué a trabajar. Tenía Navarrete ahí personas que iban a estudiar con él, estaban por ejemplo uno de los dueños de Las Fábricas de Francia; estaba un pintor francés Henri Delaune, tenía varias personas muy importantes... le anticipo que yo era quien barría el estudio, era mi cargo, nunca pagué ni un centavo, no podía pagar, pero; a cambio de eso tenía obligaciones: limpiar ese espacio. A mí me servía, veía los apuntes, porque como llegaba muy temprano, observaba los trabajos de los demás, encontraba referencias. Nunca me paré atrás de Navarrete para verle pintar, nunca. Lo que aprendí fue lo que él me señalaba, lo que me decía, me daba instrucción que yo seguía. Nunca pensé que haría  de mi obra una imitación a la del maestro, él mismo vio que yo iba por otro sendero, que no buscaba hacer una calca de lo suyo, y después de cuatro años me imagino que yo buscaba algo mío, algo muy propio, aún siendo un chamaco de unos 16 años, ya no me satisfacía copiar ya buscaba algo diferente, en los bodegones que me ponía a pintar, así parecía; pero era más que nada la influencia de los pintores y los toreros que ahí llegaban, ellos pensaban que ya me sentía muy capaz.

En uno de los muchos encargo que tenía Navarrete, en esta ocasión de unos españoles que quería un cuadro con motivos de su tierra: el Guadalquivir y todo aquello, entonces me dijo el maestro “Oye Chavo, este encargo  voy a hacer que tu lo pintes, tu lo vas a pintar” yo le contesté: “no me siento capaz” y volvió “tu lo vas a pintar, si vas a poder”; bueno él me lo dice –pensé- yo lo pinto. Pinté aquella tela, si quedó bien o quedó mal, en esos días estaba con nosotros José Delgadillo, un magnífico pintor del Estado de México que inclusive ganó una Bienal en París, o sea que era cosa muy sería lo que había allí. José Delgadillo era más o menos  de mi edad, nos estimábamos, él también venía de un medio humilde, y nos granjeábamos  todo, desde luego esa Bienal la ganó estando ya solo, ya se había desarrollado.

 

 

Ahí con Navarrete me tocó un detalle muy, muy especial que por dentro me dejó una gran satisfacción, pero como se fueron dando las cosas me pareció no tan especial, para nada, llegó un cliente con Navarrete -de Estados Unidos- anduvo viendo su estudio, su obra en venta y yo estaba pintado por algún lugar del estudio, pintaba un bodegón... este señor norteamericano se puso atrás de mí, estuvo viendo un rato, el cuadro estaba casi terminado... ya no le interesó lo de Navarrete, pero le pregunta a él “cuánto vale ese cuadro” en un pésimo español. Navarrete se sorprendió y me dice “tu dile” mi repuesta fue : “maestro no sé, yo nunca he vendido un cuadro”, “pues ahora te tocó venderlo”, no recuerdo si pedí mil pesos o dos mil y me lo pagaron, lo que sí recuerdo es que me sentí muy mal, porque le quité la venta a Navarrete.

 

_La experiencia de vender ese cuadro, su emoción ¿cómo la describe?

 

_No tiene nombre eso, eran los días de miseria absoluta y un día llevé un cuadrito a La Lagunilla, con la idea: lo que me den por él, fui a los primeros tiempos donde vi algunas acuarelas por ahí, en La Lagunilla se vende de todo, pues después de ofrecerlo varias veces y escuchar “no me interesa”, por fin me dice uno “cuánto quieres por él”, y  le digo 25 pesos, “no, es una copia” y le aclaro: no es copia, es original, e insiste “no, no me parece, te doy diez”. Y claro se lo vendí, y esos diez pesos que me sacaron de apuro,¡10 pesos valían!. El hombre ya le veía calidad, esos son detalles que a uno le van  dando el propio valor, la satisfacción de saber y decir ando bien.

Y otro detalle: llegué a México – yo fui muy amigo del papá de Javier Vázquez  Jazzamoart- donde tenía su taller, ahí estaba Javier también, estaba toda su familia; yo iba a visitarlos y en una ocasión le hice a su señora un apunte a lápiz, Javier me lo pidió y este dibujo lo llevó a una galería; -él pintaba y todos los días salía con sus cuadros a vender, y así realizaba dos o tres cuadros, era su vida- entonces la señorita de esa galería  le dijo “no ... está muy sobado, no me interesa”. Javier lo quería  era ella que me recomendara con sus clientes para trabajarles retrato especialmente, y pues no, después me platicó Javier lo que había pasado, cosa que no le pedí hacerlo, entonces le dije: llévame con la señorita, y así fue, llegamos, me presentó con ella y le recordó “mire él es quien hizo el dibujo, que a Usted  le pareció muy sobado” ... sí soy yo el autor, le dije, y le pedí de favor me proporciones una tela en blanco –porque ella vendía también material para pintores-  “sí –me dijo- de qué tamaño” esa –le señalé una-, “y ahora que va a hacer”.   La voy a pintar, siéntese ahí por favor. Ya llevaba mi estuche con pinceles óleos, todo lo necesario.  Se sentó y la pinté, se quedó con los ojos cuadrados...y exclama: “ya, ya, tengo todas las clientes para Usted... todas...”

Como resultado de esto empecé a pintar en esa galería de Insurgentes, tarde con tarde, retrato al natural, siempre eran retratos de especial encargo, posando. Solamente les hablaba por teléfono y por la tarde iniciaba: a las cuatro, al principio sólo estábamos ella, la modelo y yo, después el cliente que llegaba se quedaba, llegó el momento en que yo tenía como diez personas tras de mí viendo pintar el retrato que me tocaba esa tarde, desde luego toda esa gente era toda involucrada en el arte, ahí se quedaban viendo; pinté retrato hasta que me canse, me aburrí y simplemente ya no aparecí, me quité de ahí, ella ya tenía programada a una  artista Gloria Marín, sólo que en este caso tenía que ir a su casa, y la dueña de la galería  ya tenía planes de llevarme a ese medio de la farándula. Era yo muy bohemio Agarrábamos unas fiestas con el papá de Javier  ¡tremendas! Todo aquello no tenía organización, era un bohemio, no tenía compromisos, no tenía nada, era feliz.

 

_¿Qué atractivo podía encontrar en este pueblo? -me refiero al Irapuato de hace cuarenta y tantos años- cuando en la Ciudad de México tenía un mercado abierto al arte y el centralismo que era adecuado para contactarle a Usted desde cualquier punto, inclusive del extranjero.

 

_Vuelvo a repetirle: no me interesaba exponer, era un bohemio;  simplemente pintaba, pintaba realismo, pintaba con libertad empezaba a cotizarse bien mi obra, para ese tiempo ya había pintado muchos retratos de gente muy importante de aquí, de Guanajuato, de León, de Salamanca; me había metido al mundo del retrato, de ese tiempo hay retratos muy especiales, casi pintaba toda a una familia. Al arquitecto Guillermo Camarena, le pinté casi a toda la familia, le hice un cuadro familiar tremendo, muy bueno.

Ahora veo cuadros míos de aquellos tiempos, sí hay bastantes cosas aquí en Irapuato y algunos me dejan muy asombrado, como éstos que le menciono de la familia Camarena. Pinté también a la familia de Salvador Márquez, a su esposa Lulú, a sus hijos que eran entonces unos niños, a Chava le hice varios retratos.  Por ejemplo este retrato que está allí (el maestro señala un óleo de una bella joven, que está en exhibición colocado en un espacio de la galería de Casa de la Cultura, donde dialogamos para lograr esta entrevista) esa dama la pinté hace muchos años, parece que fue en el 76 ó 75, era varias hermanas y a todas les hice un retrato, pinté al papá, a la mamá; pero recientemente ahora volvieron a contactar conmigo, lo hizo el esposo de esta señora que aparece en el cuadro, y no me quiere soltar. Así me pasa con muchos clientes. Tienen obra mía y quieren otra y otra

Yo me vine a Guanajuato después de diez años, no sé...  pensando en preparar mi primera exposición, tenía ya bien definida mi obra, ya aquí, el ambiente de pueblo, de la gente, la diferencia con la gran ciudad, me empezó a absorber me quedé, ya no volví a México, sólo he regresado para trabajar con algunas galerías, por ejemplo Galería Firenzze, en la “Zona Rosa” estuve trabajando bastante tiempo con ellos, pintaba mis cuadros aquí y se los llevaba, se vendían perfectamente bien, tanto que el dueño abrió una galería en Estados Unidos en La Joya, California y quería inaugurar con mi obra; pero le bajaba un poco, y decidí que no, porque pintar tanto cuadro y al final de cuentas no iba a ser venta para mí...  quien ganaba era el galerista... aunque bueno,  hubiera sido magnífico lo que me propuso en aquel entonces, es algo muy ansiado para un artista. Todo esto fue haciendo mi vida, y a través del tiempo desde Irapuato se ha proyectado mi trayectoria como pintor.

 

_Maestro González ¿ayudan las galerías al artista?

 

_Se ayuda uno mismo, por una razón: las galerías dan confianza o desconfianza. De la que le hablo era una galería muy importante, entonces yo llevaba tres o cuatro cuadros mensualmente, allí tenían obra de  muchos pintores muy conocidos y reconocidos, y yo nunca me di cuanta hasta mucho tiempo después de cuanto valía mi obra ahí, a mí realmente me pagaban muy poquito; pero una vez  estando presente llegó un cliente preguntando por las obras, dentro de las que le interesaron estaba una de las mías... y estaba valuada en cuatro mil y tantos pesos, casi cinco mil pesos, buen precio para un cuadro sencillo, no grande y entonces me di cuenta que a mí me pagaban setecientos pesos por cada cuadro y casi los vendían en cinco mil y además  los cuadros que estaban ahí no se movían como los míos, allí permanecían,  mientras mi obra tenía mucho mercado, muchas veces cuando llegaba ya había un solo cuadro mío, desde luego que para mí era muy bueno, pero dejé de trabajar con ellos.

Para mí esa experiencia me sirvió mucho, me marcó un punto de referencia, me di cuenta del valor de mi obra. A partir de entonces ya me manejaba de otra manera.

      

_ Sus coleccionistas más importantes ¿dónde se encuentran?

 

_Uno en Salamanca... aquí en Irapuato hay mucha gente que tiene mucha obra mía: Sebastián Martínez Castro, Amancio Ramírez. El ex gobernador  Ducoing, Enrique Velasco Ibarra, también ex gobernador del Estado, él adquirió una finca de Reynaldo Cendejas en Yuriria que estaba toda  decorada por mí, aparte yo había pintado a toda su familia completita. Una vez me hice de unos amigos que estaban metidos en la política en Guanajuato, todos se  apegaban mucho a mí eran unos bohemios, jóvenes siempre dispuestos a disfrutar de la vida; y en una ocasión, uno de ellos me dice: oye Antonio ¿no te gustaría exponer?.

Pues no, no me llama mucho la atención , fue mi respuesta. “deberías de exponer, mostrar tu obra” -insistió- “tenemos un grupo, te puede interesar, está ahí Octavio Ocampo, Carlos Terrés, ¿y por qué no te unes a nosotros?, tenemos exposiciones en varios lugares”. Y sí me agregué a ellos. Carlos Terrés tiene un lugar dentro del arte, igual Octavio Ocampo; Javier Barajas, pues se ha ido a Estados Unidos a trabajar allá, pero era un buen grupo, que disfruté mucho.

Con Velasco Ibarra hice cosas importantes, de trascendencia. Una vez pasó un detalle, que ahora recuerdo: para un quince de septiembre, me encargaron un cuadro para la Casa de Visitas  en Dolores Hidalgo, por supuesto de Don Miguel Hidalgo... lo pinte, lo entregué y lo colocaron. Tocó que ese año el presidente José López Portillo dar el “grito” ahí, se llevó a cabo la ceremonia, y ya para retirarse pidió que descolgaran ese cuadro que yo había pintado y se lo llevó, así se llevó la obra. A raíz de eso Velasco Ibarra me encargó otro cuadro: es el que está actualmente en la Casa de Visitas. Y seguramente si hubiera visto ese otro, también se lo lleva. Son anécdotas de mi vida.

 

_¿Qué camino ha recorrido llevando su pintura?

 

_He estado ya en muchos lugares, en Estados Unidos, en buenas galerías;  he expuesto muy bien, he vendido obra, precisamente en Estados Unidos para un Hospital Judío, con tema muy libre, lo mío. Así ha ido caminando todo, en mi currículo tengo bastantes exposiciones. En México  el escritor español Eulalio Ferrer tiene mucha obra mía, tengo obra en el Museo Diego Rivera, en el Iconográfico del Quijote hay obra mía también, en Acámbaro  igual,  En la Sala de Cabildos de nuestra Presidencia Municipal está un mural que pinté por encargo del Ingeniero Marco Antonio Contreras Santoscoy, durante su Administración.  En el Salón Juárez está un cuadro, un Benito Juárez obra también mía, fue encargo  del Ingeniero Sebastián Martínez  Castro cuando fue Presidente Municipal.

 

 

_En Estados Unidos tiene Usted coleccionistas, ¿es así?

 

_ Sí, he vendido mucha obra allá y ahora recuerdo algo  que me sucedió precisamente en Estados Unidos, le cuento: tuve la oportunidad de estar en Carmel, California  un pueblo de pintores y de galerías, quise participar en un concurso que ahí se lleva a cabo, pero como llegué tarde no pude inscribirme, sin embargo me pidieron que participara fuera de concurso y me dieron la libertad de pintar. A cada quien lo distribuían donde mejor parecía al pintor, a quien le gustaba pintar marinas pues se instalaba frente al mar, Carmel es un pueblo de arquitectura colonial, muchos artistas se colocaron desde donde podían pintar paisaje urbano.  Hay una iglesia muy bonita, que me gustó, entonces dije: aquí me planto... puse mi caballete y comencé a pintar, allá estaba otro pinto, más allá otro y otro más... creo que tenía diez pintores a mi derredor –eran cientos de pintores los concursantes-. Estaba pintando cuando llegó un camión de turistas alemanes y empezaron a recorrer los trabajos que hacían los pintores cercanos a mí, diferentes cada uno así lo imagino, Me di cuenta que el grupo se detenía tras de cada uno de los pintores, caminaban, y pensé: no tardan en venir y así fue, se colocaron para ver lo que hacía, estuvieron así hasta que terminé la obra. Era un cuadro chico, lo estaba pintado a espátula... ellos atrás de mí...  no se movieron, hasta que terminé; luego me abrazaban...  son detalles que le llenan a uno, ¿por qué no se quedaron con alguno de los otros?    Eran cuadros de una sola sesión, ese mismo día se tenía que entregar la obra, para su calificación.

 

_Esta idea de pintar un templo, me lleva a recordar esa Colección Montes  Vega, que a principio de los años 80’s, realizó en Salamanca. ¿Qué nos dice, permanece en Salamanca? ¿sabe Usted dónde está?

 

_Se iba a hacer un museo para esa obra, ya tenía el Padre Camilo Montes Vega el lugar listo y se muere; entonces toda esa obra quedó en manos de sus parientes, se disgregó totalmente la Colección en el pueblo de Bernal, Querétaro, de allí era él.

Por lo menos el Gobierno Municipal debió adquirirla, para conservarla intacta, porque esa obra el Padre Camilo la dedicó “A la muy Noble y Leal Ciudad de Salamanca” era su patrimonio ¡qué lástima!. El Gobierno de Estado pudo haber intervenido también.

Últimamente tenía yo, nexos con el gobernador de Colima, íbamos a hacer una carpeta completa del Estado de Colima; ya había empezado con algún motivo de Colima –capital-, otro más de un pueblito muy bonito que a mí me encanta...  cosa curiosa, cuando llevé esas dos obras para que las viera este señor Gustavo; así se llamaba, porque murió, fue quien se accidentó en un avión. Llegué esa tarde a Colima, quería saludarle, hablar acerca del tema... había mucha gente –yo llevaba los dos cuadros- él estaba dando una conferencia de prensa, Pero, ya me conoce mucha gente, Paco Valleza, me dijo: “déjame las pinturas Toño y ve a saludar a Gustavo, ya que estás aquí”, me fue imposible acercarme, porque estaba rodeado de periodistas y fotógrafos, pero me vio y me saludó, me estimaba mucho. Entonces le dije a Paco: está muy ocupado; él me respondió, “yo le veo al rato y pienso que te va a citar en la noche, seguramente va a querer que tomes una copa con él, mientras platica de lo que van a hacer...”  No se llegó el momento, porque  en la noche fueron a mi casa -tengo una casita en Tecomán-, y me dijeron que no podía recibirme es noche, que hasta el día siguiente; y a mí me urgía regresar a Irapuato, porque traía a la familia, e iban a entrar a clases los muchachos.

Claro que le envié un mensaje con Paco Valleza, que no podía esperar, pero regresaría en ocho días. Antes de los 8 días se mató. Las dos obras están allá, no he vuelto para nada desde esa fecha y creo que tengo que volver, la ventaja  que tengo es que quien quedó en su lugar es también una persona que me estima y es correspondido, porque con ellos inauguré la Casa de la Cultura  en Tecomán, con mi obra.

 

_Maestro González en el mercado del arte ¿qué diferencia existe entre su obra personal y los “encargos”?

 

_Pinto libremente, cuando tengo un encargo, lo hago y punto, en el aspecto comercial no hay diferencia entre mi obra personal y la obra que realizo por encargo... ninguna.

Esta obra, que está en portada, en exhibición  en esta muestra del Festival Internacional Cervantino, es de Roberto Barba,  quien tuvo la idea de decirme: “píntame tres motivos de Cristo, pinta con libertad pero me gustaría que manejaras en esas tres obras,  los estilos que has manejado hasta la fecha”. Así se hicieron tres motivos: uno es de un realismo absoluto, inclusive en una de las figuras lo puse a él, en la Cena de Emaús, éste –cuadro a que se hace referencia líneas arriba-  es un pedazo de la Última Cena. El otro motivo es la repartición de los panes, manejé en un tiempo mucho las transparencias y en esta obra las plasmo; es un Cristo de espaldas, abriendo los brazos, predicando y la gente sentada escuchando su sermón, los panes están ahí, pero todo en transparencias, gusta mucho ese cuadro.

 

_¿Se da cuenta Maestro, Usted que sus coleccionistas son dueños de una parte de su ser?

 

_Sí, indiscutiblemente estamos ligados.

 

_Su trabajo...  ¿lo ve dividido en épocas?

 

_ Pienso que sí y me ha costado mucho trabajo, por ejemplo esta obra un Cristo una de las primeras obras, inclusive tiene un número que estaba muy borrado, tiene un número 1, es decir es la primera obra,  ya había bocetado, todo aquello; pero esta obra fue la primera que hice ya ligada a mi estilo actual, que guarda importante diferencia, de lo que estoy haciendo ahora, pero de ahí nació lo que estoy pintando actualmente, para mí todo es agregado, todo es con cabeza muy chica y manos muy fuertes.  Otra cosa  utilizo óleo en abundancia, me interesa que el color que pongo en un cuadro mío tenga vida, vibre , que un gris, no sea un gris opaco, que tenga fuerza...  busco siempre la manera de  ser yo. De ser autentico.

 

_¿Qué significado tiene su estilo... Maestro?

 

_Tratar  de desligarme de muchas tendencias, me costó trabajo encontrar el camino y  ¡sentir que soy yo!... que no me parezco ni a fulano, ni a sutano.

Y pinto bodegones y pinto retratos porque meto  el dinero rápido.

Ese otro cuadro – realizado a espátula,  en el que se ve a Don Quijote, en todo su ser:  formado de libros y  rodeado de libros  de caballerías...  lo ofrecí junto con uno muy realista y la persona que lo adquirió  me dijo: “¿Sabes por qué me quedo con esta obra?, porque en él eres tú”...

 

_¿Ha destruido su obra en alguna ocasión?

 

No, no, he llegado a pintar sobre algo, pero nunca sobre un cuadro terminado, sí sobre algo que de momento deseché por la tela que no me dio, o que se me estaba cuarteando; o sea, yo sabía que no iba a perdurar, entonces, he arreglado la tela y he vuelto a pintar sobre ella.

 

_¿Qué efecto le produce tener frente a sus ojos nuevamente un cuadro que hace años pintó?

 

_Cuando vuelvo a ver una obra que dejé de ver años, y años; y me encuentro con ella,  ya no la siento mía, ya la puedo criticar y decir está bien o no; pero siempre  en mi obra, como en mi  vida, hay cosas muy interesantes.

 

_Antonio González qué relación tiene con pintores irapuatenses como Salvador Almaraz y Raúl Zárate.

 

_Con el Maestro Almaraz hemos tenido algunas diferencias, pero le respeto y reconozco que es uno de los muralistas importantes de la época. Respecto a Zárate estuvo muy cerca de mí cuando tenía el taller en la Casa de la Inquisición, ahí, Zárate trabajó conmigo y entonces se decidió a pintar, aunque había tomado talleres mientras trabajó en la fábrica de cigarros. Hicimos algunos viajes para pintar y pasarla bien. Raúl tiene su estilo y un gran amor por esta tierra, lo mismo que a mí me pasa.

 

Fuente:

Revista Cuestiones Culturales, año IX, octubre – noviembre 2006

Ediciones Casa de la Cultura Irapuato

 

MAESTROS, Salvador Almaraz y Antonio González

foto: Gerardo García.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ágora Marzo-Abril 

Entrevista 

 

Todos Tenemos “Fallas de Origen”

"Todos traicionamos

la promesa de nuestro mejor destino"

Daniel Krauze

 

                                                                    Anna Maciel Fernández

Dicen que la soledad es quizá, un requisito para aquél que desee dedicar su vida a la creación literaria. Un escritor en soledad se busca, se intenta encontrar y a veces se encuentra con cosas que nunca pensó. Ese trabajo consistente en la piel de otros, en la búsqueda impasible del aroma de lugares no visitados y en la necesidad de tocar a hombres y mujeres imaginarios. Ese es sin duda uno de los placeres más grandes, el poder crear experiencias que hasta ese momento en que la tinta tocaba la hoja nos parecían desconocidas, y todo gracias a los vacíos que nos incitan a escribir.

Hay gente que escribe por trabajo, que escribe por tarea, otras más para ser leídas y unas, algunas cuantas, que escriben por el placer de escribir. A ellos los llamo escritores, sin importar el nombre o el apellido. Daniel Krauze, un joven con gran carisma y personalidad desenfadada, mostró que lo importante de todo es hacer siempre lo que nos apasione, expresando que debemos tener en mente lo que hacemos, más de lo que pensamos hacer. De esa forma fue como el lic. en ciencias de la comunicación, con aspiraciones a director de cine, se da cuenta que mientras soñaba con hacer películas, lo que siempre hizo era escribir.

Así fue como el seudónimo R. B. con el que se inscribió a la primera edición del concurso Letras Nuevas de Novela, lo hizo acreedor a la publicación de su libro: “Fallas de origen”, con grandes jueces como  Ángeles Mastreta, Marisol Schulz, Francisco Martín Moreno, entre otros; que la describieron como una obra catártica y envolvente, sin imaginar que R.B era ni más ni menos que el heredero de un apellido importante, que si bien dicha situación causó revuelo acerca de la transparencia del concurso, fue silenciada al darse a conocer que el seudónimo adoptado por el ganador era R.B., y que los jueces desconocían la verdadera identidad del joven ganador de apellido Krauze. Usando las relaciones familiares, las emociones, los cambios en la adolescencia y la situación de un país con desigualdad e intereses, criticando a la sociedad media-alta, logra atraparte en cada historia, convirtiéndose en portador de narrativa clara y sencilla, con un lenguaje realista y sincero, logrando llevarte fuera de la realidad con situaciones muy reales, convirtiéndose así en un escritor con el que la juventud puede identificarse. A sus 30 años ya ha publicado 3 libros, entre ellos: “Cuervos”, “Fiebre”, y el más reciente, “Fallas de Origen”; con el que se denota un crecimiento y madurez como persona y escritor, siendo la reciente obra, el libro que más le satisface en su carrera. Al crear la vida de Matías, un joven que regresa a su país tras la muerte de su padre y se rencuentra con un pasado que pensó estaba enterrado, sin embargo, se enfrenta a las consecuencias de su falla de origen, al huir de México por miedo a no ser lo que deseó alguna vez. 

 

DK:         

La novela trata de 2 cosas distintas, por un lado es una novela acerca del regreso incómodo de un personaje que huye a los 22 años del D.F., porque no se siente cómodo con su entorno social, familia, amigos, ex novia, etc., y sólo regresa al país cuando descubre que su papá sufrió un derrame cerebral y se está muriendo. Al regresar a México, su padre muere y bueno, esta muerte lo obliga a enfrentarse a la realidad de la que había escapado, a ese entorno social del que no se sentía parte, para ser exacto, a esa parte de la sociedad “chilanga burguesa”. La novela hace una especie de crítica a la clase media-alta del D.F., sin embargo, es una historia de amor entre padre e hijo: ese hijo que busca de nuevo su identidad mexicana. Lo más importante y placentero para mí, fue escribir esa historia de amor.

E: El apellido Krauze y la familia de la que eres parte, ¿se ha convertido en apoyo o en una dificultad para tu carrera?

DK: (Ríe) Sin duda es una responsabilidad, he hablado con mi padre de ello, de hecho le he preguntado: “¿Qué te ha parecido mi libro?”. Yo no sé qué tanto le guste lo que hago, ya que escribo de cosas bastante irreverentes. Mis libros son todo sexo, drogas y rock and roll, pero sí tengo una fuerte responsabilidad que te obliga a seguir puliendo el oficio, a meterle rigor al ensamblaje de historias, a la prosa, y más allá de eso, pues no intento pensar en mi padre cuando escribo, de ser así, no hubiera publicado nunca. Ni en nadie, ni en mi mamá, ni nada de eso, mucho menos en la escenas subiditas de tono. Porque imagínate, las cosas se pondrían feas. Simplemente una forma de enfrentarte al apellido, es que ni te importe el apellido, este apellido que a veces son alas y a veces un lastre, vuelas y te sientes un poquito como el “Pípila”, una mezcla de ambas cosas.

E: Cuando inicias con “Fallas de Origen”, ¿tenías una idea seleccionada, algún tema? ¿O cómo surgen las ideas para realizar esta novela?

DK: El libro de inicio era más extenso de lo que es ahora. Es una historia compacta, que fue pensada para ser digerida rápidamente. Honestamente es pensada para que sea lea rápido. Yo quería que fuera como una biblia chilanga y al llevarla a críticas de grandes escritores, que tengo fortuna de conocer, me dijeron que era lo más aburrido que habían leído en sus vidas, después de ello, organicé algunas cosas que no me conformaban y quedó “Fallas de origen”. Sin duda la obligación del escritor es complacer a su patrón que es el lector, teniendo eso en mente, pues terminé el libro, hice un caos y el final ya lo tenía muy claro. El personaje de Matías cobra vida después de unas cuantas páginas, y es cuando dejé de pensar en cómo sería él, es como si él fuera quien me dijera qué escribir. De hecho, si viera a Matías, el protagonista de esta historia, le daría un abrazo y después me echaría unas “chelas” con él.

E: ¿Por qué en tus libros es tan fundamental la crítica a esa parte de la sociedad media-alta a la que incluso perteneces?

DK: Realmente no planeo lo que voy a escribir, imaginas un personaje y no es que yo despierte diciendo: ¡Voy a criticar a las fresitas!; realmente no. La burguesía chilanga tiene mucho qué criticar, en fin. El tema me elige a mí, tienes que escuchar pa’ dentro. Hace rato me preguntabas cuál es mi mayor miedo como escritor, y creo que mi mayor miedo es no ser genuino, tocar notas falsas, registros falsos, ser un farsante que escribe de algo. Yo intento escribir cosas que realmente conozco. “Hay que serle fiel a nuestras obsesiones”.

E: Matías, el protagonista de “Fallas de Origen”, es escritor al igual que tú. Para él la figura paterna representa mucha fortaleza en su vida, Matías se va de su país al igual que tú, ¿qué tanto hay de Daniel en el personaje de Matías?

DK: Bueno, yo coincido con el escritor Mario Vargas Llosa, que dice que escribir es como un striptease pero a la inversa, empiezas a contar la historia con la parte más desnuda de ti, sin censura, por eso creo que siempre al iniciar ya hay mucho de la vida personal y experiencias del autor. Conforme avanza la historia se va vistiendo al personaje hasta lograr crear aun ser distinto. Creo que es claro que hay cosas muchas cosas de Matías en mí, pero otras muy diferentes, por ejemplo: Matías no es un escritor, quiere ser escritor para complacer a sus padres, cosa muy distinta a mi vida. De hecho hay una frase en el libro que le dicen a Matías: “Lo que tú escribes es una bola de historias desagradables, sobre gente desagradable, contada de manera desagradable”; ¿sabes quién le dijo eso a Daniel Krauze? Pues mi papá.

E: ¿Te consideras una persona apasionada por la literatura?

DK: Sí, aunque me gusta más escribir que leer, pero yo soy lector. Yo creo que libro que te atrapa, es libro que debes terminar, y eso implica lo mismo si estás leyendo un libro de García Márquez o uno de Yordi Rosado, el chiste es crear un hábito de lectura y a mí me gusta mucho leer. No llegué a Crepúsculo (ríe), pero sí leí Harry Potter. Una vez un escritor increíble, que tengo suerte de conocer, me dijo: “Si puedes vivir sin escribir, no eres escritor”.A mí me importa mucho que el lector compre mi libro y lo termine satisfecho. Más que los artilugios de la prosa, lo que me interesa es que la historia los conmueva. La historia va más allá de cómo esté escrita, la literatura debe suscitar preguntas, no otorgar respuestas. Lo realmente importante para los escritores jóvenes que quieren publicar, suena tonto, pero si quieren escribir pues que escriban. Eso es lo más importante, cuando algo es bueno, sale porque sale.

 

 

"Todos traicionamos la promesa de nuestro mejor destino"

                                     Fallas de origen.

La entrevista se realizó en el espacio de Plaza Delta“Con Sabor a Café”, después de la presentación del libro. 

Fomento a la Lectura, programa del Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación que atinadamente dirige Atala Solorio Abreu, y que bajo un convenio Editorial Planeta, participará enviando cada mes un autor para llevar a cabo una presentación literaria.

 

 

 

 

 

foto Hernán González

 

 

 

 

 

ENTREVISTA ENERO-FEBRERO VI

ENTREVISTA MTRO JOELoc.pdf (1266250)

 

Ágora Noviembre-Diciembre

Entrevista

Escribo para los que se acercan a la muerte[1].pdf (159,8 kB)