ÁGORA SEPTIEMBRE-OCTUBRE

In memoriam

 

SILVIANO RIVERA URIBE 1924 – 2014

 

Silviano Rivera Uribe, nace en esta ciudad de Irapuato, Gto., el 1 de agosto de 1924, siendo sus padres Silviano Rivera Mozqueda y Josefina Uribe. Realizó sus estudios de primaria en el Colegio Amado Nervo y la secundaria en la única escuela  que existía, que era la Secundaria Oficial; fue empleado de la Compañía  Manufacturera de Cigarros El Águila  y Delegado de Tránsito del Estado. Contrajo matrimonio con María Soledad Borja en 1962, sus hijos son Fernando y Carlos.  Fue Don Silviano un hombre amante de su hogar y las buenas costumbres.

Desde el año de 1950 dedicó su vida a coleccionar fotografía del Irapuato antiguo, ese su acervo histórico, trata del desenvolvimiento de la Ciudad a través de los años, sus fotografías se encuentran pegadas en paneles de fibracel, en un amplio espacio de su casa, habilitado como sitio de reunión de sus amigos que periódicamente se encontraban para escuchar conferencias, charlas sobre el tema “Irapuato y su historia”. Amante también de la música, se llevaban a cabo ahí, “Noches Bohemias”.

Don Silviano con méritos propios, nunca se consideró historiador, ni cronista, dejando ver el ello, amor por su tierra, y no tener ambiciones  en cuanto a títulos; sin embargo  su impresionante colección:   más de dos mil fotografías  y tantos  datos, como imágenes.  Es necesario hacer notar algo de todos conocido: él siempre estuvo abierto a quien le visitara y requiriera de esas imágenes, ya fuera para publicar o realizando algún trabajo de investigación, a él acudieron docentes, políticos, extranjeros  que informados de su colección fotográfica, siempre le buscaron y tuvieron su amable respuesta y su entusiasmo por llevar a otros países esas imágenes de su querido Irapuato.

Silviano Rivera Uribe, fue miembro fundador del CÍRCULO CULTURAL IRAPUATENSE, A.C. (CCIAC), y hasta el  final escribió su columna Irapuato Calles Chuecas   en la revista ÁGORA, espacio muy leído por sus interesantes datos que aportó siempre.

 

¡Descanse en Paz el maestro Silviano Rivera Uribe!

 

ÁGORA JUNIO-JULIO 2014

 

EFRAÍN HUERTA: AÑOS DE FORMACIÓN

 

Fotos: cortesía de Raquel Huerta Nava

 

La familia de Efraín Huerta Romo se mudó a la ciudad de México en 1930, encabezada por su madre, Sara Romo Liceaga, con el objetivo de que sus hermanos mayores, Salvador y José ingresaran a la Universidad Nacional a la carrera de Derecho. Efraín quiso ingresar a la Academia de San Carlos, pues desde hacía varios años se dedicaba al dibujo, pero tenía que revalidar algunas materias y cuando tuvo su certificado en regla, para no perder más tiempo, se inscribió a la Escuela Nacional Preparatoria. Cursaría los primeros años de Leyes en Filosofía y Letras.

            Mi abuela y sus hijos vivieron primero en la calle de Jesús Carranza, en Peralvillo, de hecho los conocidos de EH a veces se referían a él en las notas de prensa como el poeta del rumbo de Peralvillo. Después, se mudaron a la calle Plaza de Santiago 11-18, hacia Tlatelolco.

 

Sus maestros

 

En la Escuela Nacional Preparatoria tuvo maestros brillantes, como Agustín Loera y Chávez quien impartía Historia del Arte, por su influencia, Efraín recordaba cómo, con Rafael Solana, “recorrimos la ciudad de México en busca de huellas del arte mudéjar; por él fuimos a Cuernavaca (frescos de Diego Rivera) y a Taxco (Santa Prisca). Él [Solana] escribía y yo dibujaba. El trabajo nos lo encuadernaban en la Biblioteca Nacional, entonces dirigida por don Enrique Fernández Ledesma.” (EH Mecanoescrito c1977)

            Con Antonio Caso estudió Sociología y fue aprobado con 10 por un ensayo sobre el marxismo. Con Julio Torri, la epopeya castellana; con Eduardo Colín, literatura española del siglo XIX y comienzos del XX; otros de sus maestros fueron Erasmo Castellanos Quinto, Nicolás Rangel y Roberto Chico Goerne. EH guardó sus apuntes literarios en pequeñas libretas negras, tipo moleskine, que les enseñó a usar a sus alumnos don Genaro Estrada. Mi padre las llamó las damas negras.

 

José Revueltas y la militancia

 

 “Muy cierto: entre pintas y pegas (pintas de ABAJO LA BURGUESÍA y pegas de volantes y consignas impresas), se nos iba [a Efraín y a José Revueltas] parte de la noche. durante el día, en los mítines, en los vestíbulos de los teatros, vocéabamos El Machete, que desapareció.” (Beatriz Reyes Nevares, “Efraín Huerta, poeta, militante” Entrevista en: Siempre!, 24 de mayo de 1978).

            En alguna ocasión le pregunté a mi padre que porqué a Revueltas siempre lo capturaban y a él no. Me respondió que en aquellos años entrenaba para ser corredor de medio fondo y los policías jamás le daban alcance.

            En 1933, con José Revueltas integró el dueto “Reivindicación”. “En este asunto hay mucho de invención, de varia invención, como decía el clásico. Pepe Revueltas me atribuía la paternidad de canciones que él no conocía porque no tenía radio, y yo sí. Se las cantaba a lo largo de la calle de la Santa Veracruz, cuando ya habíamos terminado las prolongadas juntas que, como nos lo demostró un compañero, se podían realizar en veinte minutos. O menos, o no realizarlas”. (Id.)

            “Éramos una minoría ruidosa. Estudiantil. Bueno, se trataba de la batalladora FER (Federación Estudiantil Universitaria), y después, ya abiertamente, de la Juventud Comunista. Formábamos una vanguardia gritona, inerme pero sin miedo, No olvidaremos el día 20 de noviembre de 1935, cuando hostigamos por todo Insurgentes, Juárez, Madero y el Zócalo, a los ‘camisas doradas’, infantería y caballería fascistas financiadas por los ricos regiomontanos. Les dimos la batalla en pleno Zócalo y finalmente se desintegraron. Ya comenté en otra parte mi extrañeza al no leer este episodio en las memorias de Siqueiros, Me llamaban el Coronelazo, si fueron David y Rosendo Gómez Lorenzo (‘el capitán Sangre Fría’), más los choferes del Frente Único de Trabajadores del Volante (estoy casi seguro de que así se llamaba la agrupación), quienes nos protegieron en una parcial retirada hacia Catedral y Seminario, porque la caballería fascista se nos venía encima.

 

Las revistas literarias

 

Rafael Solana y Miguel N. Lira habían hecho ya la revista Taller Poético, Efraín comenzó colaborar con ellos en los cuatro números que hicieron. Despúes, con Alberto Quintero  Alvarez, Enrique Guerrero y Octavio Paz fundan la revista Taller. Paz había hecho ya la revista Barandal con Salvador Toscano y otros y, también Cuadernos del Valle de México, con Toscano y José Alvarado.

Por iniciativa de Octavio Paz invitaron a colaborar con ellos a varios poetas del exilio español, de algunos EH había publicado semblanzas en El Nacional. Se reunían en El Papagayo en la Avenida Juárez, con José Herrera Petere, Antonio Sánchez Barbudo, Juan Gil Albert, Lorenzo Varela, Francisco Giner de los Ríos, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Juan Rejano.

            Efraín fue amigo cercano de Herrera Petere y de Emilio Prados, quienes disfrutaron de los guisos que mi abuela Sara les preparaba con su cálida hospitalidad y estupendo sazón. (Efraín Huerta. Libros y Antilibros. El Gallo Ilustrado # 792, 28 de agosto de 1977)

            En esos años publicó sus primeros libros, Absoluto amor, 1935 y Línea del alba, 1936, en septiembre de ese año Efraín comenzó a ejercer el periodismo profesional y murió “en la raya”, como se dice en el gremio periodístico.

 

Raquel Huerta-Nava

Chapultepec 9 de febrero 2014

 

Efraín Huerta fotografía  que data de los años 40’S. 

.- Raquel Huerta Nava, acompaña a su padre Efraín Huerta en España (1981).  

 

La experiencia de la soledad

José Antonio Banda

 

En Itinerario, Octavio Paz recrea tres momentos de profunda soledad. El primero sucedió en la casa de Mixcoac, en la sala principal, donde todo le parecía “ajeno”. Eran las cinco de la tarde, escribe Paz, y desde un alto ventanal caía la luz. El poeta, niño aún, se encuentra sentado en un sillón inmenso. Era día de fiesta. La gente iba y venía. Nadie se detenía a su lado, nadie se percataba de la presencia del niño abandonado por su madre. En medio de todo, el niño Paz se abruma por el desdén de los mayores, llora, se siente solo. En ese instante, escribe Paz muchos años después, descubre la soledad.

 

El segundo momento ocurre en los Estados Unidos a donde la familia Paz Lozano había emigrado. La agitada situación política de México los obligaba a dejar el país. Se matricula al futuro poeta en el jardín de niños. Tiene seis años. Habla ya su lengua materna, el español, apenas habla inglés. Debido a su nulo conocimiento del idioma anglosajón prefiere callar. Teme las burlas de los demás niños. No saber cómo nombrar las cosas. A la hora del almuerzo, sin embargo, descubre la pesadilla de su silencio. Una situación de lo más cotidiana lo hace presa del pánico: carece en su mesa de la cuchara para tomar sus alimentos. Calla. Aunque tiene hambre, prefiere quedarse sin comer. Una maestra se percata del hecho, se acerca al niño y le pregunta qué sucede. Con señas, el niño Paz señala a uno de sus compañeros y musita, apenas un balbuceo, la palabra “cuchara”. Se suceden las burlas, las risas. Y otra vez, nos cuenta el poeta ya maduro, se siente solo, presa de un enorme desamparo. En ese momento descubre, reflexiona años más delante, al otro, es decir, una cultura otra que le hace sentir solitario. El tercer momento ocurre a la vuelta de la familia Paz a México, una vez tranquilizada la situación política del país. La familia matricula al futuro poeta en el colegio francés. Una vez inscrito en la institución, el joven Paz tiene problemas: sus compañeros le otorgan un carácter extranjero debido a su acento, distinto por la estadía en los Estados Unidos, y por las características particulares de su aspecto físico, tez y ojos claros, que le ganan para sí el mote de “visigodo”. Vuelven las burlas de su infancia, las risas, las peleas. El poeta maduro dice que ese instante le descubrió la otredad en su propia tierra. Así, las tres experiencias infantiles dan cuenta de una misma preocupación, de una misma obsesión que lo perseguirá por largos años: ser uno y otro al mismo tiempo.

 

En sus primeras letras, ya aceptado el destino de poeta, las reflexiones acerca de la soledad tienen un peso relevante. Paz, novel escritor, escribe sus “Vigilias” (subtituladas “Diario de un soñador”, notas redactadas para la revista Taller. “Las formas que hacen visible al dios extraño que alimenta la tierra, se me presentan nada más como formas solitarias, y mi alma no goza en ellas […] Ésta es la verdadera soledad: sin palabras, estrangulado por un mundo fríamente enemigo”. La naturaleza aparece como una forma solitaria del mundo ante la mirada del hombre porque, dice Paz, no es posible comunicarse con ella. Solo la verdadera poesía, la que carece de palabras, la que no precisa de formas sinbólicas, hermana al hombre con el mundo, al hombre con el hombre. La poesía es, desde la perspectiva del joven escritor, una realización interior.

En “Poesía de soledad y poesía de comunión”, perteneciente a la misma etapa inicial, Paz madura y construye sobre dos polos opuestos su concepción del desarrollo histórico de la poesía lírica, de alguna manera proyecta sobre lo escrito sus pulsiones interiores. “El poeta lírico establece un diálogo con el mundo; en este diálogo hay dos situaciones extremas, dentro de las cuales se mueve el alma del poeta: una, de soledad; otra, de comunión”. El desarrollo de la poesía, ante la mirada del escritor que quiere explicarse su primordial desamparo, se puede entender como un movimiento constante entre la soledad y la comunión. El verdadero poeta precisa de la soledad para moverse, enfatiza Paz, por medio de un deseo de reunión con su origen perdido, la infancia, por ejemplo. Asimismo, escribe el joven poeta mexicano, “el arte de escribir, como el arte de leer, son artes de solitarios, de seres que viven en soledad”. Seres que viven en soledad porque el arte de la escritura como el de la lectura son artes de la conciencia, o artes del pecado. Sin embargo, de forma paradójica, el joven Octavio Paz afirma en “Poesía de soledad y poesía de comunión” que “mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, [el poeta] procura tornar sagrado el mundo”. La experiencia religiosa que entraña esta concepción de la poesía hace religioso el diálogo entre el hombre y su mundo, entre el hombre y su propia conciencia.

 

La genealogía de ésta concepción histórica de la poesía la encuentra Paz en dos poetas donde observa ciertas situaciones extremas del diálogo. En la poesía escrita por San Juan de la Cruz, halla uno de los polos en lo que basa su concepción histórica: la comunión, superación del desamparo. Mientras, la soledad la encuentra en Quevedo. Aunque será más apropiado decir que la experiencia de la soledad la encuentra Paz en uno de los poemas de Quevedo: Lágrimas de un penitente.

 

            Soledad es para Octavio Paz apartamiento, nostalgia de la inocencia perdida, del hombre que la sociedad ha perdido; sin embargo, dicha soledad también significa plenitud, la libertad del hombre para conocer a su otro: una forma de comunión. Quizá no sea aventurado decir que todas las especulaciones teóricas y líricas del joven Paz iban encaminadas a resolver para sí sus experiencias infantiles, la pronta orfandad a la que se miró arrojado luego de la muerte de su padre, el abogado Octavio Paz Solórzano, en los años treinta. Quizá, incluso, se podría conjeturar que jamás llegó a una solución satisfactoria. Aguilar Mora, por ejemplo, en La sombra del tiempo, cita que en sus años últimos el poeta se encontraba angustiado por no haber trascendido su soledad. La enfermedad que lo llevó a la tumba había mostrado frente a él la imposibilidad de elegir entre el camino del cristianismo ni la del claro sosiego de saberse materia. A la luz de lo anterior, la realidad otra, la comunión poética, parecía, apunta Aguilar Mora, más una entrega, una resignación, a las leyes naturales del mundo, que una plena aceptación de las mismas.

 

            En un apunte final hablaré de mi encuentro con la poesía y pensamiento de Octavio Paz. Era el dos mil tres cuando, en una feria del libro local, encontré el Laberinto de la solead. Fue el primer libro que leí del autor mexicano. Luego, busqué sus ensayos y, al final, sus poemas. Estaba maravillado con la fuerza retórica del escritor. La soledad juvenil de ese entonces, (de mis primeros años formativos debería decir), quedaba de pronto enfatizada y anulada en el vértigo de las imágenes pacianas. Más tarde, durante un viaje de estudios, solo, entre extranjeros, en una cultura otra, me vi salvado de la desesperación debido a la constante lectura de Piedra de sol. Aún me recuerdo leyendo en voz alta durante tardes o noches solitarias. Me recuerdo pensando en la trascendencia de la soledad. En este sentido, el reproche que Aguilar Mora hace a la obra y figura de Paz, me parece excesiva. No por la vinculación del Nobel mexicano a mi historia personal, sino porque, en muchos casos, vale más el ímpetu de los escritos, la sombra que proyectan sobre los lectores, transformándolos interiormente, que la realidad de los actores que produjeron esas reflexiones; pretender que el autor acepte y culmine en su propia vida las consecuencias de sus reflexiones, es pensar que el hombre es un ser alejado de toda duda. El hombre es un ser solitario que camina por un puente que lo lleva de su nacimiento hasta su propio fin. 

NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2013

Teatro en la ENMSI                               

 

                           Rojo Amanecer

 

                                                               fotografía: Oscar Arriola

                                                                    

 

“El 68 marcó una época de inquietudes juveniles, de un no a la represión, un despertar de las conciencias, volverla a montar es como una llamada de atención para que no suceda algo así nuevamente.  La masacre de Tlaltelolco se ha convertido en un símbolo de transición a la democracia y a la lucha contra el autoritarismo”.

Rubén Pérez Vargas, director del Grupo de Teatro de la ENMSI (Escuela de Nivel medio Superior de Irapuato),  justificó ampliamente la puesta en escena de  Rojo Amanecer, obra teatral de Xavier Robles, en el Auditorio de la Prepa que presentó cupo lleno los pasados días 2,3 y 4 de Octubre,  jóvenes especialmente fueron los testigos de la destacada actuación de los actores, bajo una atinada dirección con la experiencia que le han dado 50 años en los escenarios

En cuanto a los actores alumnos de la prepa oficial, después de leer, de empaparse en el tema, lograron  meterse en su papel con toda la convicción de que esa herida del 2 de octubre no ha sanado, que la sangre derramada en la Plaza de las Tres Culturas, marcó la historia del País. Con la esperanza de que aquel México anterior a  la noche de Tlaltelolco, no vuelva jamás.

.   El Círculo Cultural Irapuatense, A. C. Y la ENMSI,  llevaron a escena esta obra que ha marcado un hito, en el teatro nacional.

 

REPARTO

Alicia: Adriana de la Rosa Puente.  Don Roque: Néstor Martínez Ramírez.  Jorge: Alexandro Vazala. Sergio: Remi Arriola.  Humberto: Gerardo Morales Martínez.  Carlitos: Sergio Alejandro Iñiguez.  Graciela: Ángeles Bravo.  Muchacha: Teresa Ponce.  Muchacho 1: Daniel Hernández.  Herido: Carlos Árévalo. Muchacho 2: Edgard Hernández.   Subteniente  y Tipo 1: Leonardo Mosqueda.  Tipo 2: Chistian Vallejo.  Locutor: Israel Linares Ramírez.    Estudiante y Tipo 2: José Carlos Acosta Robles.  Diseño y Realización del Vestuario: Grupo Teatral.  Utilería: Servicio Social Alumnos ENMSIEscenografía: Aureliano Tafoya.  Diseño Cartel: Grupo IDEA.

 

 

La frase “El 2 de octubre de 1968 no se olvida” nos lleva a recordar lo que nosotros éramos como seres humanos, en donde nos encontrábamos, qué año de primaria estábamos cursando, la respuesta es: éramos unos niños. Nosotros al oír o ver las noticias no entendíamos a qué se referían o qué estaba sucediendo en nuestro País, creo que más bien nos atraían más los Juegos Olímpicos  que se llevaban a cabo en nuestro País; pero ahora entendemos el alcance de esa frase, y me pregunto: ¿Cuántos jóvenes perdieron la vida por defender un ideal?

¿Cuántos padres de familia recuerdan con tristeza esa fecha?, eran estudiantes como tú y como yo, estimado alumno.

 

Esta puesta en escena “Rojo Amanecer” pone de relieve el talento y creatividad del Director de escena Lic. Rubén Pérez Vargas y en conjunto con los jóvenes alumnos y algunos docentes, hacen que este hecho de movimiento estudiantil de 1968 nunca se nos olvide por aquellos jóvenes que tuvieron un sueño juvenil: JUSTICIA, LIBERTAD Y DEMOCRACIA PLENA.

 

Estoy segura que esta obra de teatro, será un gran éxito ya que tocará las fibras del espíritu hu8mano de todos los espectadores para no olvidar nunca estos sucesos tan lamentables.

 

Q.F.B. Lilia León Cortés

Directora de la ENMSI

La obra está muy bien montada, bien actuada,

bien dirigida

 

 

Hace justamente 45 años se inició uno de los acontecimientos más importantes de la historia del País. Miles de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Autónoma de México, decidieron dejar de guardar silencio y luchar para que hubiera justicia para todos, crearon un momento para alzar la voz, para poder abrir las puertas a un progreso del País. Aunque es bien sabido que el IPN y la UNAM son rivales a nivel académico, en dicho movimiento formaron una lianza para pelear por un objetivo común; los derechos de los estudiantes y de ciudadanos.  Y obviamente  al gobierno les agradó la idea de que alguien les desafiara y de que tratara de cambiar las cosas por sobre él y  desde luego dicho movimiento tenía que ser eliminado.

Y la tarde del 2 de octubre de 1968 tuvo lugar una de las escenas más trágicas y deprimentes en la historia del País. Ya que las autoridades estaban decididas a eliminar y erradicar por completo dicho movimiento a como diera lugar.

Es precisamente el tema de esta obra: Rojo Amanecer. Representa la crueldad por parte del gobierno hacia sus propios ciudadanos, al tratar de eliminarlos de las peores formas posibles…

La obra está muy bien montada, bien actuada, bien dirigida, representa justamente el dolor de las familias de los estudiantes que ahí murieron; el coraje el valor de los mismos para ponerse con frente en alto contra el gobierno para luchar por una causa justa, para conseguir sus derechos y poder ser libres. Pero tristemente situaciones similares (no de la misma magnitud) suceden aún en nuestros días, pero en aquel entonces se decidieron a luchar con las ideas para alcanzar una vida digna.

Lamentablemente vivimos bajo un gobierno que no tiene miedo de hacer lo que sea necesario para evitar que el ciudadano se supere, que el País progrese, para mejorar las condiciones de vida.

Terminé fascinado con la obra, el elenco muy bien escogido, la trama muy bien lograda,  lo ideal en teatro, porque un suceso como éste, debe ser altamente conocido por todos y debe quedar de forma permanente en la memoria del País, para que se sepa de a pesar de todo, México tiene el coraje necesario para luchar por una causa justa.

Y aunque es obvio que situaciones así seguirán repitiéndose, al menos  se sabrá que en algún momento pudimos conseguir nuestro propósito y de que no tenemos miedo a volverlo a hacer. Y que todos esos estudiantes no murieron en vano, porque siempre serán recordados, porque se enfrentaron a  un gobierno dictatorial y les pusieron frente, fueron masacrados pero consiguieron su propósito y gracias a ellos somos lo que somos ahora.

 

2 de OCTUBRE NO SE OLVIDA

Gracias, mil gracias a todos ellos que dieron su vida para que nosotros seamos escuchados, y tengamos un lugar en este País…

 

 

Héctor Alberto Rodríguez Rendón

Alumno de la ENMSI

Materia: Taller de Apreciación Artística   5AING-M              

Maestro: Lic. Rubén Pérez Vargas

 

ROJO AMANECER

“Muertos, muertos y heridos por toda la Plaza” son los gritos de desesperación, coraje y miedo de personas que vieron frente a frente cómo esta matanza  arrebató la vida de jóvenes inocentes.

Rojo Amanecer escenifica la vida de una familia de la Ciudad de México que vivió en carne propia La Noche de Tlatelolco.

Vivían en uno de los edificios que rodean la Plaza de las Tres Culturas; conformada por: la esposa, ama de casa preocupada por sus hijos; el marido hombre de oficina siendo funcionario público del Gobierno del D.F. ; el abuelo Capitán retirado del Ejército Mexicano; la hija Graciela, niña testaruda , respondona y egoísta; el pequeño Carlitos, niño inocente, curioso; y por Jorge y Sergio, estudiantes del Politécnico Nacional, quienes también querían alzar la voz, como todos aquellos jóvenes para reclamar justicia.

El día de la matanza, Jorge y Sergio salen de su casa para unirse al mitin que se llevaría a cabo en La Plaza, sin saber lo que les esperaba. Graciela sale a casa de su amiga -que vive muy cerca- para hacer su tarea.

El esposo trabajando en el entonces Departamento del DF y el resto de la familia se encontraba en el departamento, cuando de pronto…..   ¡Suenan disparos y gritos, LA MATANZA HA COMENZADO!

El abuelo sale a buscar a Graciela, al pensar que todo había terminado ya; mientras tanto Jorge y Sergio llegan a casa con un joven herido y 3 más muy asustados. Nadie se explicó cómo ni por qué  pasó aquello, lo único cierto es que  ya en esos momentos había muertos, muchos muertos inocentes.

Poco después llega el abuelo con Graciela, muy asustada al oír todos los disparos y  ver muertos esparcidos por toda La Plaza. Al llegar el esposo se enfurece de ver que su esposa ha dejado entrar a aquellos jóvenes extraños a la casa, pero de pronto golpean la puerta. Son los policías que inspeccionan  casa por casa, en busca de estudiantes. Los jóvenes de la casa se ocultan en el baño, pero uno de los policías descubre la sangre del herido y comienza a buscarlos. Al tratar de huir los policías matan a sangre fría a los jóvenes y a toda la familia, a excepción de Carlitos que se mantuvo escondido debajo de la cama y que al salir ve a toda la familia muerta. Esta escena le deja con un dolor profundo y preguntándose ¿por qué ellos murieron?.

 

Crítica a la obra

 

Impactante, emotiva e intensa Rojo Amanecer refleja muy vivamente uno de los tantos recuerdos de ese 2 DE OCTUBRE DE 1968, que efectivamente NO SE OLVIDA.

En lo personal, la obra me pareció hermosa, magnífica; ya que me logró transmitir las emociones y sentimientos que se vivieron ese día, tanto el miedo como la desesperación, el coraje y la preocupación; el dolor de la muerte, no sólo de la familia a través del niño, sino que también pude imaginarme cómo pudieron haber sentido quienes ahí estuvieron al ver tantos  muertos.

Realmente logré apreciar desde otra perspectiva sobre La Noche de Tlatelolco, y viendo la historia, se descubre como algunos medios de comunicación no querían hacer más grande la noticia, no querían dar a conocer la realidad por miedo, y para dejar ver a México sólo como el gran anfitrión de los Juegos Olímpicos del 68.

Este hecho ha marcado la vida de muchos mexicanos, de ayer, hoy y siempre, ya que, al recordar por medio de obras teatrales como Rojo Amanecer… la verdad aunque cruda e impactante, se logra dejar en claro que la verdad, la libertad y la justicia no deben ser reprimidas por LA MUERTE… así  El 2  de OCTUBRE NO SE OLVIDA.

Ana Jaqueline Barboza Hurtado

Alumna de la ENMSI

Materia: Taller de Apreciación del Arte

Maestro: Lic. Rubén Pérez Vargas

 

 

Ágora Agosto-Septiembre 2013 

 

Los 50 años de RAYUELA

Amparo Osorio*

 

Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura,

y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua

 Rayuela (1963)

Discurrían los años sesenta, esa maravillosa y convulsionada década que marcó profundos e innegables derroteros de libertad, y que con su carga de rebeldía nos legaba los ideales de una transformación revolucionaria, postulado que nos conduciría también hacia diversas manifestaciones artísticas y vivenciales.

Tal vez París era “otra” fiesta aludiendo a la célebre novela de Hemingway aparecida en 1964. Y ese mismo París, antecesor de múltiples literaturas, cuna y sepulcro de fundamentales movimientos en todas las esferas de la creación, y a su vez emblema y bastión de algunos jóvenes escritores latinoamericanos, sería una vez más redescubierto en la libertaria imaginación de Julio Cortázar, quien nos invitaba desde su pluma lúdica a recorrer una Rayuela sin fin (contranovela) —diría el propio autor—, en un raro tejido de complejidades donde el exilio y la diáspora que enlazaban al París de Oliveira y la Maga, “Del lado de allá”, y a Buenos Aires con Traveler y Talita “Del lado de acá”, nos iban heredando trágicamente el desarraigo espiritual de pertenecer a todo sin pertenecer finalmente a nada.

Bajo su lectura tejíamos íntimamente Europa y el Sur. Su Sur, el nuestro. No importa que ya se dijera metafóricamente que los argentinos “era hijos de los barcos”. Cortázar simbolizaba Buenos Aires, y siguiendo su huella nos perdíamos en otras músicas, en otras literaturas, en otras latitudes que nos heredaban una nostalgia contenida, propiciatoria de nuestro gran eclecticismo y de la que comenzaron a hacer parte Borges y su misterioso Aleph, Gardel con su melancolía porteña, los hermanos Discépolo que secretamente ahondaban nuestras cavilaciones nocturnas; Mercedes Sosa con sus telúricas y conmovedoras canciones de protesta y Ástor Piazzola con su magistral bandoneón sinfónico.

Latinoamérica era un fortín de juventudes ávidas de sueños y desde esa perspectiva queríamos que el mundo fuera una comuna. Woodstock se convirtió en ícono de muchos de estos anhelos y su antecesor Verano del Amor de 1967 nos entronizaba cada vez más con esa Rayuela leída a tironazos y a veces a trozos. Su compleja propuesta continuaba marcándonos con su simbología de cielo inalcanzable y se instalaba cada vez más entre nosotros como una de nuestras grandes utopías.

Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto…

Pero muchos lo dimos a su nombre y en pie de amor sobre la hierba, Cortázar y su ternura se nos fueron convirtiendo en uno de nuestros grandes amores platónicos, porque en sus páginas fuimos los héroes de su propia historia. Sintiéndonos la Maga parisina o la Talita sureña, tejimos el insomnio de las noches esperando el regreso de Oliveira o las notas que se desgajarían de la guitarra de Traveler. Lloramos la muerte de bebé Rocamadour y silenciosamente hicimos el duelo perdiéndonos en esa conjura de amor que propiciaba la novela, mientras Charlie Parker y Louis Armstrong algunas veces, discurrían en nuestra monologante penumbra, arrullando las emotivas lecturas entre blues y jazz.

No importa que Oliveira hubiera sentenciado que después de la guerra la visión poética del mundo había concluido: Quedan poetas, nadie lo niega, pero no los lee nadie. Rayuela sin embargo, contraria a este pésimo pronóstico, nos continuaba dando los elementos necesarios para una búsqueda temeraria de nuestra propia voz, porque en ella se encontraban las atmósferas de imaginación y rebeldía, de deseo y amor, de cotidianidad y filosofía, de abandono y muerte, de viaje y exilio; en síntesis, de realidad real que contenían esas dialécticas imprescindibles de la palabra poética que perseguíamos.

Bajo sus páginas, íntimamente fusionábamos literaturas y músicas, imágenes y ciudades en ese nuevo surrealismo que nos propiciaba el autor y que junto a otras novelas capitales de América Latina a la vanguardia, nos dejaban conmovedoras emociones que se fueron constituyendo con el paso del tiempo en gran parte de nuestro fervoroso acervo.

Era el despuntar de aquellos “años maravillosos” como los llamarían luego algunos historiadores, pero era también nuestro despertar a una secreta educación sentimental con sus ansiosas puertas esperándonos. Era, en contrapunto con la nostalgia bonaerense, el descubrimiento de la Bohemia absoluta en el espíritu de la Chanson francesa, y así, a nuestra manera, bebiendo de los diversos cántaros, tejíamos nuestra propia rayuela barajando el ocho cortazariano que lúdicamente representábamos con las novelas del recién nacido Boom Latinoamericano (célebre a partir de 1963 con la aparición de la Ciudad y los perros), imaginando cuál de estas magistrales obras llegaría primero a la cuadrícula del cielo.

Será fácil para muchos decir que la leyeron, afirmar que carecía de argumento, que eran dos novelas en una, que el eje central era el estado psicológico de cada uno de los personajes, escudarse en las palabras del mismo Cortázar quien la definió como: «La experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura», pero para centenares de hombres y mujeres de mi generación es innegable afirmar que nos legó su ternura, que bajo su égida fundamos, no el Club de la Serpiente, pero sí el de cazadores de crepúsculos, que en su magia circense recorrimos manicomios e infiernos, buscando esa quimera perdida que quizás ya aguardaba en nuestros bolsillos y que, definitivamente, por su culpa, nos volvimos Cronopios.

 

*Poeta, narradora y ensayista colombiana

 

Fuente: Con–fabulación (periódico virtual)

 

Cronopio  es una noción creada por el escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984). Los cronopios son seres verdes y húmedos, de acuerdo a lo imaginado por el autor de “Rayuela”, quien nunca dio demasiadas precisiones sobre el aspecto físico de estos personajes.
 

n�w> P;x�9s=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'>con la formación artística

 

 

Noche de Jazz

Anna Maciel Fernández

Orgullo de la Mexicanidad

El Premio NEZAUALCÓYOTL

 

DESIERTOS

María del Carmen Almanza

 

 

 

 

 

Festejamos a Julio Cortázar

 

RAYUELA

 

A 50 años de esta obra que revolucionó la narrativa  en español, y a sólo un año de celebrar el siglo de su nacimiento (26 de agosto de 1914).

 

Este libro que a su vez es varios libros, pero sobre todo dos, como dice el autor al inicio, es una de las mejores novelas de la historia, creo que sentó muchas de las bases de la narrativa moderna, sobre todo me gusta su carácter interactivo, no sólo porque el lector decide en qué orden seguir los capítulos, también porque éste, puede completar ciertos aspectos que el autor sólo sugiere y de esta manera la historia encontrará un complemento distinto según cada lector, aparte el manejo del lenguaje es de total maestría. este libro atrapa, conmueve, remueve, intriga...poéticamente narrativo-narrativamente poético...

Es un libro único, abierto a múltiples lecturas, lleno de humor, de riesgo y de una originalidad sin precedentes.

La aparición de Rayuela el 28 de junio de 1963 conmocionó el panorama cultural de su tiempo y supuso una verdadera revolución en la narrativa en lengua castellana: por primera vez un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla  Es quizás el libro donde Cortázar está entero, con toda su complejidad ética y estética,  con su imaginación y su humor.

Cortázar empieza por proponer un acercamiento activo al libro y ofrece varias posibilidades de lectura: el lector ha de decidir: ¿optar por el orden de lectura tradicional? ¿Seguir el tablero de dirección? ¿Remitirse al azar? Después lo lleva a dos lugares distintos. «Del lado de allá», París, la relación de Oliveira y la Maga, el club de la serpiente, el primer descenso de Horacio a los  infiernos; y «Del lado de acá», Buenos Aires, el encuentro de Tráveler y Talita, el circo, el manicomio, el segundo descenso.

¿Viaje hacia delante, viaje hacia atrás? Viaje iniciático, sin duda, del que el lector emerge tal vez con otra idea acerca del modo de leer los libros y de ver la vida. Un mosaico donde toda una época se vio maravillosamente reflejado.

Un libro único, abierto a múltiples lecturas, lleno de humor, de riesgo y de una originalidad sin precedentes.

Revolución es una palabra que podría encajar con Rayuela, o más bien Rebelión, un negarse a las cosas dadas, un empezar de nuevo, como había defendido Hume. Porque quizás, lo que hace Cortázar es llevar un poco de Hume a la literatura: volver a la percepción inmediata del mundo de los hombres. Ya había defendido el empirista inglés aquello de "volvamos a la percepción infantil del mundo, antes de que todos los pensamientos y reflexiones hayan ocupado sitio en la conciencia". 

Rayuela es una especie de antinovela, sin trama convencional, sin suspenso, sin comentarios psicológicos, casi sin descripciones y carente de una cronología, elementos que retoman la discontinuidad y el desorden de la vida.

         El recorrido espiritual de Oliveira, el protagonista de Rayuela empieza en París, donde vive su amante Maga y el hijo pequeño de ésta, Rocamadour, en un cuarto que se convierte en el centro de reunión al grupo de amigos, artistas e intelectuales, quienes con Maga son los interlocutores de Oliveira en los diálogos que completan la mayor parte del texto.

 


        Son muy pocos los eventos ocurridos; el concierto grotesco de Berthe Trepat, la muerte de Rocamadour en medio de una conversación sobre problemas existenciales y el encuentro de Clocharde Emmanuéle con Oliveira.

         En Buenos Aires, Oliveira trabaja con sus amigos, la pareja Traveler – Talita, primero en un circo y después en un manicomio, donde Oliveira enloquece y posiblemente se suicida.

         La obra termina no sólo ambiguamente sino con un anticlímax; son visiones fugaces de un más allá más hipotético que verdadero no logra conformar una ética y una metafísica que articulen un sistema, pero si bien no consigue esto, sí logra sumergir a los lectores en una enajenación que hace “intuir de otra manera casi todo lo que constituye nuestra realidad”.

 

 

 

Aquí  una pequeña dosis, con el capítulo 7, "Toco tu boca..."

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

 

 

Roman0�ei�;P;ansi-language:ES'>Con–fabulación (periódico virtual)

 

 

Cronopio  es una noción creada por el escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984). Los cronopios son seres verdes y húmedos, de acuerdo a lo imaginado por el autor de “Rayuela”, quien nunca dio demasiadas precisiones sobre el aspecto físico de estos personajes.

 


 

De Cortázar: cartas a sus amigos

 

 

A Jean Barnabé. París, 3 de junio de 1963

 

Antes de irme a Italia, terminé de corregir las últimas pruebas de mi novela, y las envié por avión al editor. Si han llegado sanas y salvas, el libro aparecerá a mediados de julio, y entonces podrá decirme algún día si lo que espera de mí, esa explosión a que alude en su carta, se ha producido o si todavía sigo encerrado y un poco distante. Me sorprendió que me dijera que prefiere  Los premios  al conjunto de mis cuentos, porque a mí me parece muy inferior a ellos. ¿No estará usted reincidiendo quizá inconscientemente en la típica actitud del lector francés, para quien en el fondo sólo la novela cuenta? Personalmente, creo no haber escrito nada mejor que El Perseguidor; sin embargo, en Rayuela he roto tal cantidad de diques, de puertas, me he hecho pedazos a mí mismo de tantas y de tan variadas maneras, que por lo que a mi persona se refiere ya no me importaría morirme ahora mismo. Sé que dentro de unos meses pensaré que todavía me quedan otros libros por escribir, pero hoy, en que todavía estoy bajo la atmósfera de Rayuela, tengo la impresión de haber ido hasta el límite de mí mismo, y de que sería incapaz de ir más allá. Espero que las innovaciones “técnicas” de la novela no le molesten; no tardará usted en adivinar (aparte de que hay fragmentos que lo explican muy claramente) que esos aparentes caprichos tienen por objeto exasperar al lector, y convertirlo en una especie de “frère ennemi”, un cómplice, un colaborador en la obra. Estoy harto de eso que un personaje de mi libro llama “el lector-hembra”, ese señor (o señora) que compra los libros con la misma actitud con que contrata a un sirviente o se sienta en la platea del teatro: para que lo diviertan o para que lo sirvan. Lo malo de la novela tradicional es eso, que en pocas páginas crea una atmósfera que envuelve, acaricia, seduce al lector, y éste se deja transportar durante 300 páginas y 8 horas, sentado en una nube (rosada o negra, según los casos) hasta llegar a la palabra FIN que es una especie de Orly de la literatura. He querido escribir un libro que se pueda leer de dos maneras: como le gusta al lector-hembra, y como me gusta a mí, lápiz en mano, peleándome con el autor, mandándolo al diablo o abrazándolo…

                                                              Julio Cortázar

ESTA DE MISIVA DE CORTÁZAR, dirigida a Jean Barnabé está incluida en la edición especial de Rayuela que hizo Alfaguara para celebrar los 50 años de su publicación

 

A Paul Blackburn, París, 15 de mayo de 1962

 

 Casi he terminado «Rayuela», la larga novela de la que te he hablado varias veces. Como es una especie de libro infinito (en el sentido de que uno puede seguir y seguir añadiendo partes nuevas hasta morir) pienso que es mejor separarme brutalmente de él. Lo leeré una vez más y enviaré el condenado artefacto a mi editor.

Si te interesa saber lo que pienso de este libro, te diré con mi habitual modestia que será una especie de bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana.

 

Así se refería Julio Cortázar (1914-1984) en la misiva a Paul Blackburn (1926 – 1971), poeta norteamericano y traductor de algunos cuentos del escritor argentino, a la novela que estaba terminando de escribir, Rayuela.

La carta está fechada el 15 de mayo de 1962, un año y poco más de un mes antes de que se publicara la novela, que salió de la imprenta el 28 de junio de 1963.

Cortázar no pudo estar más acertado en su profecía con respecto a lo que supuso Rayuela para la literatura hispanoamericana, considerada por muchos críticos como la primera del fenómeno del "Boom latinoamericano" que proyectó por todo el mundo a novelistas como el propio Cortázar, Gabriel García Márquez, Vargas Llosa o Carlos Fuentes.

 

 

Pie de Foto.

Julio Cortázar, Carlos Fuentes y  Luis Buñuel

 

ÁGORA MAYO-JUNIO 2013

 

HOMENAJE POSTUMO AL GRAN MAESTRO

ANTONIO GONZÁLEZ

Héctor Gallardo Miranda

A muy temprana edad el entonces jovenzuelo Antonio González Juárez ya pintaba. Tomaba los pinceles, tubos de pinturas, aguarrás, hacía su mezcla de colores sobre la paleta y sentado frente al lienzo, con soltura, firmeza, seguridad y decisión trazaba líneas, manchas, rayones, que poco a poco iban descubriendo sobre la superficie blanca una determinada forma. Algunas se convertían en retratos, otras en paisajes, otras más en imágenes de algún bello pueblo pintoresco –sin faltar el de su Estado, Guanajuato con sus característicos callejones y balcones. Tampoco le faltó imprimir en el lienzo la fiesta brava. Escenas de las corridas de toros llenas de luz y sombra, arte y colorido, Antonio González plasmó quizá cientos de veces motivos taurinos.

Hombre solitario, de enigmática personalidad, pintaba con el alma –como son los auténticos genios- se le veía aparecer en los recintos donde hubiera algo, -aunque fuera un poco- de arte, llegaba silencioso, se deslizaba expectante. Veía alguna obra expuesta y en silencio se retiraba. Le habría gustado? No lo sabíamos, se lo guardaba para él.

Sus óleos, litografías, cuadros, retratos se encuentran diseminados por el mundo entero. Los podemos encontrar desde la sala de una casa particular, hasta en consultorios médicos, restaurantes,  hoteles, etc. La obra del Maestro Antonio González le ha inmortalizado. Autorretratos, frescos sobre los muros e infinidad de pequeñas pinturas, se encuentran ahora exponencialmente cotizados por la firma de un grande de la pintura, único en sus trazos, Antonio González. 

¿Quien era en su foro interno?, o mejor aún, ¿Como era viéndolo desde una perspectiva como a un simple mortal?; ¿Verdaderamente alguien lo conoció?; ¿Tuvo amigos?; ¿Como fue la vida de este enigmático personaje?

Con ochenta y seis años a cuestas seguramente dejó tantas personas que le conocieron, como obras de su autoría, pero amigos, no lo sabemos. . Por ello quisimos adentrarnos post-mortem a lo que fue la vida de Antonio González.

Habríamos de acudir a su obra para conocerle como artista; pero para conocerle como ser humano, habremos de acudir a alguien cercano a su entorno, y para ello nadie mejor que aquel hombre el cual sospechamos, más aún, aseguramos que fue verdaderamente amigo de nuestro personaje; nos estamos refiriendo a Amancio Ramírez. Él seguramente nos adentrará al mundo desconocido de Antonio, El Charro González como se le conocía.

 

CHARLA CON AMANCIO; EL AMIGO.

Sr. Amancio, ¿Como es que conoció al Maestro Antonio González?

-Nos conocimos allá por los 70s; Antonio tenía su estudio en la parte alta de lo que es ahora el Museo de la Ciudad y yo tenía mi negocio enfrente de su estudio, sobre la calle 5 de febrero.  Nos saludábamos diariamente y así fuimos creando nuestra amistad.

-Sr. Amancio, ¿que tanta cercanía y confianza existía entre ustedes?

Absoluta. Nos juntábamos con mucha frecuencia, viajábamos, convivíamos, etc.

-Cuales eran los gustos de Antonio González?

-Sin duda sus principales gustos fueron cuatro. La pintura, el vino, cigarro y mujeres. Era un bohemio en toda la extensión de la palabra. Agregó Amancio Ramírez. Debo decir que era respetuoso del lugar en que estaba y de las personas que se encontraban en él.

-Que anécdotas recuerda Ud. con él?

-Son muchas. Pero te contaré solo algunas:

-Recuerdo por ejemplo que en una ocasión fuimos a los Estados Unidos en donde habría de pintar a una mujer judía, muy reconocida, dueña de una gran galería de arte. Le mostraron el lugar donde habría de trabajar, era un lugar cerrado. La mujer – no recuerdo su nombre- posaría para el maestro, y éste una vez que recorrió el sitio, y ya estando a solas Antonio y yo me dijo: Todo está bien Amancio, salvo una sola cosa. –cual Antonio? le pregunté. A lo que me contestó: Aquí en este lugar no se permite fumar. Pero por un lado el maestro no pintaría a gusto sin echar humo, y por el otro, siendo respetuoso, tampoco habría de desacatar la instrucción de no fumar. Vaya “problemática”!. Pero al fin genio, se ideó la mejor solución: Tu Amancio te quedas en la puerta de entrada sosteniendo un cenicero con mi cigarro mientras yo pinto y de cuando a cuando vendré a fumarlo. Y así fue! Amancio detenía el cenicero sin adentrarse al lugar, y Antonio llegaba, fumaba una y otra vez mientras pintaba el retrato encargado hasta su terminación.

Una vez que quedo terminado le pidió su opinión a Amancio a lo que le contestó: -Bien, te quedó muy bien Antonio. Sin embargo, El Charro frunciendo el seño y sin quitar la vista del óleo recién terminado dijo: No tienen el mismo tono los ojos. Pero Amancio insistía: -Esta muy bien, déjalo así, total si no les gusta, yo mismo te lo compro. Antonio sin atender lo que su amigo le decía hizo en breves segundos una mezcla de color sobre su paleta, cargó el pincel con un poco de ella, se enfiló con dirección al ojo del retrato -cual matador de toros que se deja ir detrás del estoque sobre el morrillo del toro- , hasta que hizo un rapidísimo contacto de su pincel con la superficie con una precisión quirúrgica y un resultado extraordinario. Ambos ojos del retrato habían quedado exactamente del mismo tono. La mujer, dueña del mismo quedó fascinada.

Agrega Amancio Ramírez que Antonio era muy rápido haciendo sus cuadros. Podía fácilmente producir varios en una semana.

Dice Amancio: -Fui mas su amigo, que su admirador. Y vaya que su obra la admiro de sobremanera. Tanto así que en una cierta ocasión llegó Antonio a buscarme y me platico que estaba rifando un cuadro, y llevaba uno muy diminuto como muestra. Me gustó tanto que le pregunté: Cuantos boletos llevas vendidos Antonio? Y este me contestó que dos. -Mira, le repliqué, -vamos a regresarles su dinero a los que te compraron su boleto, yo se los pago, y yo mismo te compro el cuadro. Como así fue. La amistad siempre imperó entre ellos.

Otra anécdota fue aquella en que en cierta ocasión mandaron llamar a Amancio de una clínica particular porque ahí se encontraba el maestro Antonio González. El primero de los mencionados se dirigió inmediatamente al nosocomio, vio al amigo, ahí sentado, los médicos le informaron que había recibido un impacto de bala en su antebrazo izquierdo y requería urgentemente de la intervención médica. Mejor dicho, se necesitaba además, que alguien se encargara y responsabilizara de su situación. Motivo por el cual el maestro Antonio había pedido se le diera aviso a Amancio. El Charro no erró. Sabía que contaba con Amancio, con el amigo. Como así fue. Éste último asumió toda la responsabilidad y dio la autorización para que se llevara a cabo las curaciones que se tuvieran que hacer con tal de que su amigo recuperara la salud.  El motivo de la lesión –por respeto y discreción- Amancio nunca se lo quiso preguntar. No obstante ello, y con el paso del tiempo Antonio mismo habría de contarle todo lo sucedido a Amancio, pues era su confidente y amigo de todas sus confianzas.

ESPERANDO AL AMIGO, SE LE ADELANTÓ LA MUERTE

Los viajes entre ellos eran frecuentes. Estados Unidos, Colima, San Miguel de Allende, etc. Por lo general los días sábado era cuando se reunían. Y siendo el correspondiente al 16 de marzo de este año Antonio González ideó que fueran a Jalpa de Cánovas, Gto; acordando que para afinar los detalles del viaje, se reunieran el próximo sábado 18 de marzo en la casa del maestro entre las 6:00 y las 8:00 pm.

Llegada esa fecha, es decir, 18 de marzo de 2013, en punto de las 6:40 pm. por esta vez la muerte fue mas rápida que el amigo. Se le adelantó a Amancio Ramírez, cruel y despiadada le arrebató al compañero de vivencias, de intercambio de opiniones, de puntos de vista, de confidencias, y por qué no? quizá de muchos y muchos brindis.

Hubiera querido estar yo en los últimos momentos de vida de Antonio, dijo Amancio, -agregando- …lo hubiera tomado fuertemente de su mano y le hubiera dicho: Antonio, acuérdate que tu y yo nunca hemos tenido miedo a nada…! Pero no fue posible, la muerte se me adelantó.

A opinión de Amancio Ramírez, el maestro tuvo ciertos galardones, pero la verdad sea dicha, el Charro merecía más. Desde hace por lo menos tres o cuatro administraciones municipales no se le valoró como debieron hacerlo, ni se le tomaba en cuenta. Pero ahora que murió sí, incluso buscaban la foto con el féretro por mera imagen. Que lástima!

Hace ya un mes que un grande de la pintura se fue. Sirva acaso a manera de humilde homenaje estas líneas en su honor. Que en paz descanse el maestro y pintor Antonio González Juárez.

 

ALGUNAS OBRAS DE ANTONIO GONZÁLEZ

 

 

Motivos taurinos y de charreadas fueron llevados al lienzo por el maestro Antonio González

 

Trazos únicos son los que imprimía Antonio González a sus obras.

 

Las calles de Guanajuato capital fueron múltiples ocasiones motivos de inspiración del Charro González.  

 

 Don Amancio Ramírez, amigo y mecenas.

 

Para el Maestro González

 

 

Antes que nada, no pretendo, por medio de este pequeño artículo, hacer una suerte de esquela, ni mucho menos plantear la vida del Maestro González haciendo uso de un lugar común como lo es la pena y la desdicha. Creo que eso no le gustaría a él, prefiriendo un acercamiento más personal al tema a tratar. Por ello haré lo propio.

 

Fue hasta hace poco que me enteré del deceso del Maestro González. Al menos, fue mucho después del acontecimiento en cuestión, hecho que no aminora la pesadumbre y tristeza que el saberlo me provocó. En los días subsecuentes hice un ejercicio de memoria y recordé las ocasiones en que pude platicar con él y de verlo trabajar en su estudio. Me considero afortunado puesto que, a pesar de que no lo conocí –en persona– sino hace apenas cinco años, pude identificarme en muchos aspectos, así como concordar en varios temas con él. Sin embargo, estos dos últimos años no pude frecuentarlo tanto como hubiese querido. Le atribuyo mi escasez de tiempo a mis trabajos y compromisos, pero sería un necio y un tonto si no admitiera que también era por temor o desidia que no lo visitaba tanto. Me explico: Cuando comencé a ver al Maestro, tenía una gran disponibilidad de tiempo, así como una fuerza latente que me empujaba a dibujar y pintar todo el día. Con el paso de los años, he ido perdiendo algo de ambos, y no fue sino hasta recientemente que retorné a un hábito de expresión visual impulsada, entre otros motivos, por el de una plática que sostuve con el Maestro a principios de año.

 

Hemos, no sólo en Irapuato, sino en todo México y el mundo, perdido a un gran artista, conocido por su extraordinario manejo de color y textura; por los personajes que lograba retratar y que nos regresaban la mirada desde sus mundos de oleo; por los temas que reflejaban el México que todos conocemos, aunque sea sólo de vista o de oído. Todas estas razones lo hicieron un afamado pintor, pero no podemos olvidar el aspecto fundamental que guiaba su pincel y su camino: su humanidad.

 El Maestro era, entre muchas otras cualidades, una persona humilde, generosa y amable. Un gran ser humano ha dejado de ser. Nunca veremos a alguien como el Maestro González. Lo único que podemos… no, debemos hacer es preservar su memoria y mantener vivo su arte: para hacerlo es necesario difundir la cultura y el arte en todas sus expresiones. Sólo así las personas valorarán lo que el Maestro hizo, y lo que otros están haciendo; para así compartir y mostrar la labor del Maestro González a las nuevas generaciones.

 

Javier Romero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÁGORA Marzo-Abril 

 

Círculo Cultural Irapuatense, A.C.

y

revista ÁGORA

18 años

 

Imágenes:

fotografía de  Gerardo García

 

 

 

 

En el estrado presidiendo la celebración del XVIII aniversario del Círculo Cultural Irapuatense, A. C.  de izquierda a derecha, el Profesor Martín López Ramírez, representante del alcalde Sixto Zetina Soto, la QFB Lilia León Cortés  Directora de la Escuela de Nivel Medio Superior de Irapuato, Lic. Rubén Pérez Vargas, Presidente del CCIAC,  Lic. Ma. Dolores García, Directora de ÁGORA, y el Maestro Salvador Almaráz, gran muralista.

 

Monserrat Rivas, soprano lírica, nacida  en esta tierra fresera, deleitó y puso de pie a los invitados. Interpretó  entre otras árias de ópera: O Mio Babbino Caro…. Y la muy bella pieza Con Te Partirò (Por ti volaré)

 

Anna coronada por la QFB Lilia León Cortez, Directora de la ENMSI.

 

El Mtro. Luis Pérez Balderas recibe la presea “Marquitos” del Lic. Rubén Pérez Vargas, como un reconocimiento a su destacada trayectoria como músico  y compositor.

 

 Feliz el Mtro. Pérez Balderas,  flanqueado por su hija Gloria Pérez Vallejo y su hermana Alicia.

 

 

El pajecito Alexis Emmanuel Pérez Bernal acompaña a reinas que engalanaron la noche de coronación de S.G.M. Anna I.

 

El Museo de la Ciudad digno marco para festejar el XVIII aniversario del CCIAC.  Monserrat Rivas, con su extraordinaria voz cautivó al público.

 

 

Anna I reina del Círculo Cultural Irapuatense, A.C., que además de su belleza física, es una joven universitaria culta, escribe ensayo y narrativa.

 

Invitados del CCIAC, abarrotaron el espacio para acompañarnos en la ceremonia en que celebramos un año más, no les importó quedarse de pie. 

 

 

 

 

 

ÁGORA ENERO-FEBRERO 2013

 

poema.pdf (342674)

466 Aniversario

Irapuato.pdf (390,5 kB)

NOVIEMBRE- DICIEMBRE AGORA V

 

Lo que va del cantar al sufrir.pdf (181,2 kB)